INTRODUCCIÓN AL MES DE OCTUBRE

por Rev. Todd De Rooy

Tito fue un «compañero y colaborador» de Pablo (2 Corintios 8:23) y sirvió para animar a la iglesia de Corinto a ser tan generosa como lo habían sido las iglesias de Macedonia (2 Corintios 8; 12:17–18).

Pablo instruye a Tito acerca del establecimiento de la iglesia en una situación poco prometedora. No se han designado ancianos, pero es necesario hacerlo. Más aún, los ancianos deben cumplir con las calificaciones bíblicas. Tito debe instruir al pueblo en la sana doctrina y en la vida cristiana. Estas son instrucciones básicas para todos los creyentes. Sin embargo, la parte poco prometedora de la situación es que estas personas son cretenses. Los notoriamente cretenses son «siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos» (Tito 1:12).

Y aun así, el evangelio de Jesucristo debía ser proclamado a tales personas, a pesar de su rudeza característica. Además, había allí un grupo de falsos maestros de raíces judías que estaban perturbando al pueblo. Pablo exhorta a Tito a predicar el evangelio. Pablo no impone su autoridad apostólica, sino que muestra que todas las cosas se deben a «la bondad y amor de Dios nuestro Salvador» y específicamente a todo lo que Dios ha hecho en Cristo (Tito 3:3–7). Así, se presenta ante Tito y los cretenses la norma más alta: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres» (Tito 2:11). Nadie puede salvarse por su propia voluntad y obras, sino que Dios nuestro Salvador «nos salvó… por su misericordia» (Tito 3:5).

Finalmente, Pablo pone esa dependencia de la gracia de Dios en el glorioso contexto de la venida de Cristo, «la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2:13). Esta carta a Tito enfatiza lo que Dios ha hecho para traer salvación a su pueblo, y la certeza de su consumación cuando Cristo regrese en gloria.

Acerca del autor del mes de octubre:

El reverendo Todd De Rooy sirve actualmente en la Iglesia Reformada Unida Redeemer, en Orange City, Iowa. Ha servido allí desde que fue ordenado en el 2008. El reverendo De Rooy y su esposa, Chantelle, han tenido la bendición de criar a cuatro hijos: Elliott, Emma, Chelsea y Talia. Es su sincera oración que, por la gracia de Dios, renuncien a la impiedad y a las pasiones mundanas, y vivan una vida sobria, justa y piadosa en la era actual.

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