POR AMOR A LA FE DE LOS ELEGIDOS DE DIOS

MIÉRCOLES, 1° DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Romanos 1:1–7; Tito 1:1–4

Tito 1:1: «Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad…»

William Wilberforce fue un miembro del Parlamento británico a fines del siglo XVIII, conocido sobre todo por su labor para abolir la trata de esclavos en el Imperio Británico. Como cristiano, no solo se preocupaba por los asuntos políticos y económicos de la esclavitud; también cargaba con un peso por la conversión de los esclavos a la fe cristiana. Ese peso suyo fue enfrentado con tanta oposición como sus esfuerzos abolicionistas. Otro miembro del Parlamento llegó a decir algo así: «Si son elegidos, Dios los salvará.» Pero Wilberforce, creyendo en los medios de gracia y en el amor de Dios por los elegidos, perseveró: era por amor a los elegidos que el evangelio debía ser proclamado.

Esa convicción está claramente detrás de la carta de Pablo a Tito. Pablo sirve a Cristo como apóstol con este propósito: «conforme a la fe de los escogidos de Dios» (v. 1). Romanos 1:5–6 dice: «y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo.» Todos los verdaderos ministros sirven a Cristo con este alto propósito. ¡Tu ministro necesita tus oraciones y ánimo para predicar!

El evangelio es el medio de Dios para cambiar corazones y vidas. La carta de Pablo a Tito recalcará que la sana doctrina va de la mano con la vida de santificación y buenas obras. La fe y el conocimiento de la verdad «son según la piedad»; el evangelio es tan poderoso que puede cambiar incluso a los cretenses (ver 1:12). Puede cambiarnos incluso a nosotros.

Sugerencias para la oración: Ora por la preparación de tu ministro para predicar el evangelio. Ora para que tú estés preparado para oír la Palabra de Dios. Ora para que Dios cambie tu corazón y tu vida en piedad por medio de la sana predicación.

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