VIERNES, 24 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: 1 Juan 4:7-13; Tito 3:1-8
Tito 3:4-7: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna».
Aparte de la gracia de Jesucristo, todavía estaríamos en nuestros pecados y esclavos de ellos. Dios intervino en nuestra vida naturalmente pecaminosa, en la cual estábamos inclinados a aborrecer a Dios y a nuestro prójimo. Lo hizo por su bondad y amor, no por nosotros. No es porque seamos moral o intelectualmente, o de alguna otra manera, superiores a los incrédulos. Es «no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia» (véase también Ro 3:19-25).
No pedimos a Dios que nos salvara; Él vino a nosotros en su Hijo. Los incrédulos tienen un mal corazón y un mal historial; así también nosotros. Por la gracia de Dios, ahora tenemos el «lavamiento de la regeneración… del Espíritu Santo». Hemos nacido de nuevo. El bautismo es la señal y el sello de este lavamiento. Dios promete limpiar nuestros pecados con la sangre de Jesucristo y envía al Espíritu Santo a morar en nosotros.
La regeneración significa que hemos pasado de un estado de estar muertos en delitos y pecados a un nuevo estado de estar vivos en Cristo. Las personas que están vivas en Cristo pueden creer, adorar, servir y amar a Dios.
También estamos siendo renovados por el Espíritu Santo. Esto significa que Él sigue obrando poderosamente en nosotros para dar muerte al pecado, hacernos cada vez más semejantes a Cristo y producir en nosotros su buen fruto (Gá 5:22-23).
Sugerencias para la oración: Ora con gratitud por la bondad y el amor de Dios en tu salvación. Da gracias porque ya no eres esclavo de las diversas pasiones y deleites del pecado. Ora por aquellos que conoces y que necesitan la sabiduría y el poder del Espíritu Santo para crecer en la gracia.
