SÁBADO, 25 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Romanos 8:18-30; Tito 3:1-8
Tito 3:4-7: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna».
Hay dos dones más, vitales y gloriosos, que son nuestros en Jesucristo: la justificación y la glorificación. La justificación es una declaración legal que Dios hace (véase Ro 8:33-34). Dios pronuncia esta declaración de gracia sobre la base de la perfecta justicia de Cristo, la cual recibimos por la fe. Jesús obedeció perfectamente como nuestro representante y en nuestro lugar. Ahora Dios nos ve como si nunca hubiésemos pecado y como si hubiésemos sido tan perfectamente obedientes como Cristo lo fue por nosotros.
La glorificación es la etapa final de nuestra salvación. Sucederá cuando Cristo venga otra vez: seremos resucitados con cuerpos nuevos, nuestras almas serán unidas a esos cuerpos, y estaremos sin la corrupción del pecado. En la glorificación, nuestra santificación alcanza a nuestra justificación, y reinaremos con Cristo para siempre, adorándole en el gozo de la perfección.
Mefi-boset no solo fue perdonado por David, sino que fue hecho como uno de sus hijos (2 S 9); los hermanos de José no solo fueron perdonados en Egipto, sino librados del hambre allí (Gn 45–46); el hijo perdido no solo fue perdonado, sino restaurado (Lc 15). Por la gracia de Dios, nosotros también heredaremos la vida eterna. Cristo es nuestra propiciación (1 Jn 2:2), lo cual significa que apartó de nosotros la ira de Dios al tomarla sobre sí; pero es también por la obra salvífica y suficiente de Cristo que llegamos a ser hijos de Dios (Ro 8). Toda nuestra vida es gracia sobre gracia. Aunque tengamos ahora muchas dificultades, hay un gozo que nos espera.
Sugerencias para la oración: Que seamos preparados para la gloria. Que dejemos de lado toda autojustificación y confiemos firmemente en Cristo, quien es por nosotros y cuya justicia nos cubre delante de Dios.
