CÉSAR AUGUSTO (PRIMERA PARTE)

MARTES, 2 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Isaías 9:1-7

Lucas 2:1: «Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado».

«¡Buenas noticias! El Hijo de Dios ha venido. Ha tomado su lugar legítimo como sumo sacerdote de su pueblo. Ha inaugurado una edad dorada de paz y prosperidad».

Uno podría pensar que estas palabras describen a Jesucristo. Irónicamente, así es como la antigua Roma describía a César Augusto. César Augusto asumió el poder en Roma en el año 27 a. C. e inauguró la llamada Pax Romana, una nueva y gloriosa era de paz y prosperidad en el Imperio romano.

Cuando Jesús llegó a Belén, Roma tenía su propia «historia redentora», completa con un relato de origen milagroso, una caída en la oscuridad y la llegada culminante de un hijo divino y salvador que conduciría a Roma a su destino y traería el cielo a la tierra.

Por tanto, el nacimiento del Hijo de Dios en Belén garantizó un choque de reinos. Por un lado, vemos el Reino de Dios con su verdadero Hijo de Dios y Salvador en el centro de la verdadera historia de redención, quien vino a traer el verdadero cielo a la tierra. Por otro lado, vemos el reino de este mundo con su falso hijo de dios y falso salvador en el centro de un relato engañoso, que pretendía traer un cielo falso a la tierra.

Hoy también debemos discernir dónde chocan las narrativas, los sistemas de valores, la doctrina de la salvación y las visiones utópicas de nuestra cultura con el evangelio de Jesucristo. Debemos proclamar que «Cristo es el Señor» a un mundo perdido. Y debemos ordenar nuestras vidas en conformidad con esta verdad.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios porque nos ha revelado a Jesucristo, su Hijo, como el corazón de la historia redentora. Ora por gracia para proclamar y encarnar la verdad de que Cristo es el Señor en medio de un mundo perdido.

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