CESAR AUGUSTO (SEGUNDA PARTE)

MIÉRCOLES, 3 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Marcos 10:35-45

Lucas 2:1: «Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado».

Augusto condujo a Roma a una era de prosperidad y paz después de años de guerra civil. Combatió la corrupción del gobierno; en cierto modo, «limpió el pantano». Desarrolló un sistema vial impresionante y una estructura gubernamental eficaz que mantenía unido a su imperio. La economía floreció. A esa época la llamamos “la Pax Romana”, la Paz Romana. Suena bien, ¿verdad?

Sin embargo, Augusto mantuvo la Pax Romana con mano de hierro y la expandió por medio de la conquista. Su camino hacia el poder estuvo teñido de sangre. Se alió con dos compañeros para masacrar a cientos en su lucha por el poder. Juntos conquistaron el imperio. Luego, Augusto derrotó a los otros dos para convertirse en el único gobernante de Roma.

Los gobernantes humanos suelen tener un legado mixto. En el peor de los casos, se abren paso a la cima pisoteando a los demás. Luego luchan por mantenerse allí.

Necesitamos con desesperación a nuestro Rey verdadero y perfecto, nacido en Belén. Él no pisoteó a otros para tomar el poder. Más bien, «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:7-8).

Jesús dijo: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Mr 10:45). Este Rey vino a servirnos y a suplir nuestra necesidad de salvación. Nos redime para que encarnemos Su liderazgo servicial y sacrificial en este mundo caído.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por el Rey Jesús, nuestro Rey perfecto y todopoderoso que se humilló y entregó Su vida para salvarnos. Ora por gracia para reflejar Su servicio sacrificial en este mundo caído.

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