JUEVES, 4 DE DICIEMBRE
Lectura bíblica: Isaías 55:10-11
Lucas 2:1: «Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado».
Los seres humanos compartimos con Dios el poder de las palabras —palabras habladas y palabras escritas. El poder del lenguaje es una de las formas en que Dios nos creó a su imagen para ejercer dominio en su nombre. Sin embargo, todos hemos experimentado el poder de las palabras humanas, tanto para el bien como para el mal.
Cuando una compañera de clase se raspa la rodilla y tú te sientas a su lado y le preguntas: «¿Estás bien?», estás usando el poder de las palabras para bien. Cuando corres a decirle a un maestro que ella se ha lastimado, estás usando el poder de las palabras para bien. Pero cuando dices algo hiriente a propósito para dañar a alguien, estás usando tus palabras para el mal.
Cuanto más poder tiene un gobernante humano, más poder tienen sus palabras. En Lucas 2:1, César Augusto habla con poder. Emite un edicto, una orden ejecutiva. Quiere que se registre a cada persona en su vasto imperio para poder rastrearlas, cobrarlas y gobernarlas con mayor eficacia.
El edicto de César logrará lo que él pretende y cumplirá aquello para lo cual lo ha enviado (véase Is 55:11). Pero César no tiene idea de que su edicto es simplemente una herramienta en las manos del Señor soberano del cielo y la tierra, quien está ejecutando su decreto eterno para salvar a sus escogidos y a su mundo caído por medio de Jesucristo. Recuerda esto la próxima vez que un decreto humano complique tu vida.
Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por el poder soberano de su palabra para salvarnos y gobernar la historia, incluso usando edictos humanos. Ora por gracia para descansar en su poder soberano cuando te veas inquietado por decisiones humanas.
