VIERNES, 5 DE DICIEMBRE
Lectura bíblica: Lucas 1:1-4
Lucas 2:1-2: «Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria».
Cada Navidad, cuando leemos Lucas 2, tratamos el versículo 2 como algo secundario. Al leerlo en voz alta, esperamos no tropezar con el nombre de Cirenio. Y suspiramos aliviados cuando logramos pasar ese versículo sin error.
Tal vez te sorprenda saber que Lucas 2:2 ha sido objeto de mucho debate. Se ha derramado mucha tinta sobre este pasaje. No son pocos los que tropiezan, no solo con el nombre de Cirenio, sino con su presencia en el relato de Lucas. Señalan evidencias históricas que indican que Cirenio no fue gobernador de Siria sino hasta mucho después. Otros, en cambio, han defendido firmemente la historicidad de Lucas 2:2.
No entraremos aquí en el debate sobre Cirenio. Pero considera lo siguiente: cuando Lucas escribió estos detalles, sabía que los enemigos de Cristo revisarían cuidadosamente todo lo que él dijera y se lanzarían sobre cualquier error si pudieran probarlo. Lucas era un historiador meticuloso. En Lucas 1:1-4, aseguró a Teófilo que su relato había sido cuidadosamente investigado, «para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido» (Lc 1:4). Lucas incluyó a Cirenio para asegurarle a Teófilo —y a nosotros— que el nacimiento de Jesús fue un hecho real que ocurrió en un tiempo real, cuando gobernantes reales llenaban los titulares.
Satanás ha intentado socavar la Palabra de Dios desde el principio. Pero no tienes que tropezar con Cirenio, porque la Palabra de Dios es verdadera. Podemos estar seguros de que las Escrituras son veraces «porque el Espíritu Santo da testimonio en nuestros corazones de que proceden de Dios, y también porque llevan consigo esa evidencia» (Confesión Belga, artículo 5).
Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios porque Lucas, guiado por el Espíritu Santo, nos dejó un Evangelio digno de confianza. Ora para que el Espíritu Santo profundice tu confianza en la Palabra de Dios y convenza también a otros de su veracidad.
