CUANDO CÉSAR DICE: «¡SALTA!»

SÁBADO, 6 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Isaías 45:1-13

Lucas 2:1-3: «Aconteció en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad».

Cuando César dice: «¡Salta!», tú preguntas: «¿Qué tan alto?» Cuando César dice: «¡Vayan a empadronarse!», tú vas y te empadronas. No es una sugerencia. Es una orden.

En la adoración, decimos que Dios es el Soberano, el Todopoderoso que gobierna sobre la creación y la historia. Decimos cosas como: «Dios está en control» y «Dios sigue en su trono». Pero cuando salimos de la iglesia, pareciera que quien realmente lleva las riendas de nuestras vidas es César. El gobierno imprime billones de dólares y tú terminas atrapado con la inflación: los precios suben en todo. Los aranceles también aumentan los precios. El gobierno aprueba nuevas regulaciones que complican tu trabajo y tu vida.

Tal vez te sientas atrapado bajo el poder de una persona controladora o manipuladora en tu vida. Tal vez sea tu jefe, pero necesitas ese empleo. Conozco a un hombre que estuvo cuatro años en la cárcel, para luego ser absuelto por un jurado.

Los decretos de César afectan nuestra vida diaria en lo más concreto, para bien o para mal. El pueblo de Dios no habría visto la mano del Señor dirigiendo soberanamente al poderoso rey persa Ciro, si Isaías no lo hubiera profetizado años antes (Is 45:1-13). Recuerda: andamos por fe, no por vista.

Lo más probable es que el rey Herodes tuviera cierto margen para implementar el decreto de César como quisiera. Probablemente lo ejecutó de una forma distintivamente judía. Los judíos se identificaban profundamente con sus antepasados y con los pueblos de donde procedían. Tal vez por eso Herodes ordenó que se empadronaran en sus ciudades de origen.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios porque los reyes, los gobernantes y nuestras vidas están en sus manos soberanas. Ora por gracia para confiar en Él y reflejar a Cristo aun cuando las decisiones de otros compliquen tu vida.

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