DOMINGO, 14 DE DICIEMBRE
Lectura bíblica: Filipenses 2:5-11
Lucas 2:10-11: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor».
El ángel proclama que el Salvador nacido en Belén es «Cristo el Señor». «Cristo» es la palabra griega para «Mesías». Ambas palabras significan «Ungido». En el Antiguo Testamento, los profetas, sacerdotes y reyes eran ungidos con aceite al ser instituidos, para simbolizar la llenura y el poder del Espíritu Santo necesarios para cumplir su llamado.
En 2 Samuel 7, el SEÑOR prometió a David, su rey ungido en ese momento, que su descendencia se sentaría en su trono para siempre. El pueblo de Dios esperaba a un futuro Ungido, un futuro Cristo, un futuro Hijo de David que redimiría a su pueblo, establecería su reino y reinaría por siempre (véase Catecismo de Heidelberg, P&R 32). Los pastores escuchan ahora que Él ha llegado.
Jesús es también el Señor. Este título establece su gobierno soberano sobre todo y sobre todos. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2:9-11).
Cristo el Señor es nuestro Señor. El Catecismo de Heidelberg pregunta en la P&R 34: «¿Por qué lo llamas “nuestro Señor”?» Y responde con consuelo: «Porque, no con oro ni plata, sino con su preciosa sangre, nos ha redimido de todos nuestros pecados y de la tiranía del diablo, y nos ha hecho suyos, en cuerpo y alma».
Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por haber enviado a Jesús como nuestro Cristo y nuestro Señor, y por todo lo que eso significa para nuestra vida. Ora por gracia para confiar en Él y someterte a Él como Señor de todo.
