SÁBADO, 27 DE DICIEMBRE
Lectura bíblica: Éxodo 13:1-2,11-16
Lucas 2:22-24: «Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: un par de tórtolas, o dos palominos».
Desde la cuna hasta la cruz, nuestro Señor Jesús se humilló a sí mismo en nuestro lugar como quien está bajo la ley. Esto comenzó con su circuncisión a los ocho días de nacido y continuó con su consagración al Señor como primogénito a los cuarenta días.
José y María siguieron la instrucción del SEÑOR en Éxodo 13. El SEÑOR mandó a su pueblo a responder a su gracia redentora con ofrendas costosas y de primicias. Los adoradores sacrificaban sus animales machos primogénitos al SEÑOR. Sin embargo, el SEÑOR ordenó a los padres redimir a sus hijos primogénitos con un cordero sacrificial, como recordatorio de la Pascua, cuando el SEÑOR proveyó la sangre de un cordero para librar a los primogénitos de Israel.
Israel fue identificado como el hijo primogénito de Dios, redimido por la sangre de animales en su lugar. Israel se identificaba con Isaac en Génesis 22, donde Dios mandó a Abraham sacrificar a su hijo unigénito, pero luego le perdonó la vida proveyendo un carnero en su lugar.
Los padres presentaban a sus hijos primogénitos redimidos ante el Señor para consagrarlos a su servicio. Eso fue lo que hicieron José y María al llevar a Jesús al templo. Poco sabían que el SEÑOR no perdonaría a su Hijo Primogénito, como lo había hecho con Isaac, con Israel y con los primogénitos de Israel. Como el Cordero pascual, Él moriría por todos los hijos de Dios en la «iglesia de los primogénitos» (Heb 12:23). «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Ro 12:1).
Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque consagró a su Hijo Primogénito para vivir y morir como nuestro sustituto. Ora por gracia para ofrecerte a ti mismo como sacrificio vivo en respuesta agradecida.
