DOMINGO, 28 DE DICIEMBRE
Lectura bíblica: Lucas 2:25-33
Lucas 2:29-33: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él».
José y María estaban en el templo para consagrar a Jesús y ofrecer el sacrificio de purificación. Al cruzar los atrios del templo, la mayoría solo veía a un bebé ordinario.
Sin embargo, un anciano se acercó a ellos. Simeón era un verdadero creyente que confiaba en Dios y anhelaba la venida del Mesías. El Espíritu le había revelado que vería al Mesías antes de morir. Se apresuró hacia Jesús y lo tomó en sus brazos. Gracias a la revelación de Dios y al testimonio interno del Espíritu, ¡vio a su Salvador!
Con el Mesías en brazos, Simeón bendijo a Dios y dijo: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2:29-32).
Por la fe, Simeón creyó lo que la Biblia decía acerca de Jesús. Se regocijó de que Jesús redimiría tanto a gentiles como a judíos, a personas de toda tribu y nación. «Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel. También te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra» (Is 49:6).
¿Crees tú lo que la Biblia dice acerca de Jesús? ¿Lo recibes como tu Salvador y Señor? ¿Anhelas verlo, como lo hacía Simeón?
Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque nuestro tan esperado Jesús volverá para hacer nuevas todas las cosas. Ora: «Ven, oh Jesús esperado, tú que das la libertad; de temores y pecados líbranos, danos en ti descansar».
