ÚNICO CONSUELO EN LA VIDA

SÁBADO, 3 DE ENERO

Lectura bíblica: Salmo 139:1-18

Salmo 139:7-10: «¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra».

Mientras viajamos hacia el siglo venidero, nuestra gran necesidad sigue siendo el consuelo del evangelio. Consuelo no en el sentido de comodidad, sino como la fuerza necesaria para andar cada día con la certeza de que nuestro SEÑOR va delante de nosotros, venga lo que venga. La palabra «consuelo» proviene del francés antiguo confort, que a su vez deriva del latín tardío confortare, que significa «fortalecer grandemente». Esa es nuestra gran necesidad en este valle de lágrimas. Esa es nuestra gran necesidad mientras nos preparamos para la eternidad. Esa es nuestra gran necesidad para poder vivir coram Deo, delante del rostro de Dios.

Puede que tu vida haya tenido más de su parte de luchas. Y, sin embargo, ¿a quién tenemos sino al SEÑOR? Alabemos al SEÑOR en la congregación y en nuestros hogares, porque nuestra mayor necesidad ha sido suplida en las misericordias, la gracia y la compasión de nuestro gran Dios Triuno. Este don ha sido concedido a todos los verdaderos creyentes que miran a Jesucristo para su salvación. Al disponernos a reunirnos con la congregación en la que hemos sido colocados, que el SEÑOR añada Su bendición, para que una vez más seamos fortalecidos en el consuelo, el maravilloso consuelo de las benditas promesas aseguradas en Jesucristo nuestro SEÑOR.

«No hay poder, acción ni movimiento errático en las criaturas, sino que están gobernadas por el plan secreto de Dios de tal manera que nada sucede sino lo que Él conoce y decreta voluntariamente».
— Juan Calvino

Sugerencias para la oración: Confiesa ante el trono de la gracia: «Padre, yo sé que toda mi vida ha sido dividida por Ti; los cambios que sin duda vendrán no temo al recibir; tan solo pido un alma en paz, dispuesta a agradarte a Ti» (TPH 500:1).

Deja un comentario