DÍA DEL SEÑOR, DOMINGO 4 DE ENERO
Lectura bíblica: 1 Corintios 15:1-28
Salmo 116:15: «Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos».
La muerte es el último enemigo. «La paga del pecado es muerte» (Ro 6:23a). Y sin embargo, en este Día del Señor, nos reunimos con la congregación en los atrios del SEÑOR para confesar que la muerte ha sido vencida. Como cuerpo de Cristo, nos hemos congregado para proclamar la gloria de la resurrección. Jesús murió y resucitó para que un día sus seguidores sean llamados fuera de la tumba. ¡¡Aleluya, ALABAD AL SEÑOR!!
Uno podría preguntar: «Si Cristo murió por nosotros, ¿por qué tenemos que morir nosotros también?» (Catecismo de Heidelberg, P. 42). Qué privilegio es responder: «Nuestra muerte no es una paga por nuestros pecados, sino sólo una abolición del pecado y un paso a la vida eterna» (C.H., R. 42).
Y cuán bienaventurado es confesar también con el Día del Señor 17:
45. P. ¿En qué nos beneficia la resurrección de Cristo?
R. En primer lugar, por Su resurrección Él ha vencido la muerte para hacernos participantes de la justicia que Él ha comprado para nosotros mediante Su muerte.
En segundo lugar, por Su poder nosotros también somos resucitados a novedad de vida.
Finalmente, la resurrección de Cristo es una firme garantía de nuestra bendita resurrección.
Nunca olvides las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Jn 11:25-26). Sí, ¡¡Aleluya, ALABAD AL SEÑOR!!
Sugerencias para la oración: «Pues no dejarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que Tu Santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a Tu diestra para siempre» (TPH 16:5).
