NUESTRO CUERPO LE PERTENECE

MIÉRCOLES, 7 DE ENERO

Lectura bíblica: Salmo 56

1 Pedro 5:6-7: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros».

Nuestros cuerpos están llenos de debilidades. No solo hay dolores físicos, sino también muchas penas en este valle de lágrimas. Algunos han pasado por traumas que las palabras no pueden describir. Pensemos en nuestros hermanos y hermanas de la iglesia perseguida. Un día llegará nuestro último aliento. Los ancianos deben morir. Los jóvenes pueden morir. Y, sin embargo, con los ojos puestos en el Señor Jesucristo, confesamos con gozo que Él pagó una deuda que no debía para liberarnos de una deuda que no podíamos pagar.

Pertenecer implica ser posesión de alguien. ¿A quién pertenecemos? En una palabra: a Jesús. ¡Y qué bendición, qué seguridad es saber que, venga lo que venga, los creyentes saben por fe que nada puede separarlos de su bendito Redentor, quien dio Su cuerpo para asegurar el nuestro! Él ha tomado Su posesión, Su herencia, Su pueblo: todo por gracia. Asegurados por el amor de nuestro Salvador en la cruz, confirmados en Su resurrección, el amor de nuestro Redentor no nos soltará, sin importar las circunstancias de nuestras vidas. ¡Qué hermoso es confesar con el salmista que nuestras lágrimas están en Su redoma y en Su libro! Nuestras cargas son Su cuidado. ¡En esta vida, pertenecemos a Él! Al orar por fuerza para hoy y esperanza brillante para el mañana, fundamenta tu oración en la firme convicción de que perteneces a Jesús.

«Todos los que pertenecen a Jesucristo están clavados con Él en la cruz».

— Agustín

Sugerencias para la oración: Confiesa en oración: «Pertenezco a Cristo, Él es mi Señor, reina en lo más profundo de mi corazón sobre todo lo que soy» (TPH 187:2).

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