NUESTRAS ALMAS TAMBIÉN PERTENECEN A JESÚS

JUEVES, 8 DE ENERO

Lectura bíblica: Salmo 43

Judas 1-2 y 20-21 «Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo: Misericordia y paz y amor os sean multiplicados. […] Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna».

¿Con cuánta frecuencia pensamos en nuestras almas mientras viajamos de este siglo al venidero? El salmista, hablándose a sí mismo, se preguntaba por qué su alma estaba abatida. Reflexionaba sobre por qué se sentía turbada dentro de él. Estaba describiendo un estado de inquietud, ansiedad, o tal vez hasta agitación. Seguramente esta también ha sido tu experiencia a lo largo de la vida.

¿Qué haces en una situación así? El salmista nos llama a esperar en Dios y en Sus múltiples promesas. En otro lugar de las Escrituras se nos llama a la esperanza que no avergüenza, y a descansar en el hecho de que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Ro 5:5). Cuando morimos, nuestras almas salen del cuerpo. ¿Acaso van simplemente al abismo? No. Nuestras almas pertenecen a Jesús, y Él cuidará de ellas con excelencia, así como lo hace cada día que vivimos. ¡Alabado sea el SEÑOR!

Y qué bendición es confesar esto: «guardados» y «conservaos» — hermosas palabras de fe. Somos guardados por el SEÑOR en cuerpo Y alma, bajo Su tierno cuidado. Y como respuesta, hemos de conservarnos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. ¡Que el SEÑOR bendiga así tu alma!

«El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre».

— Catecismo Menor de Westminster

Sugerencias para la oración: Confiesa ante el SEÑOR: «Pertenezco a Cristo, ¡pensamiento bendito! Con Su sangre más preciosa, mi alma ha sido comprada» (TPH 187:3).

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