SÁBADO, 10 DE ENERO
Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 4:13-18
1 Corintios 15:13-14: «Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe».
Una vez más nos encontramos con la realidad final de esta vida: la muerte. Una vez más, nos recordamos a nosotros mismos que la vida es breve; la muerte, segura; el pecado, la causa; y Cristo, la cura. Un día todos moriremos (a menos que Cristo regrese antes). La muerte será el último instante de nuestra vida, y después, la eternidad. La muerte tiene su propio peso y su propia sombra. Pero con acción de gracias al SEÑOR, el creyente confiesa que Cristo jamás está ausente, ni siquiera en ese último momento. Es una bendición preciosa confesar que, en Su misericordia, Dios guarda a Su pueblo de recibir lo que merece. Y en Su gracia, Dios concede a los seguidores de Cristo lo que no merecen. Los cristianos pueden estar seguros de que el SEÑOR nos llevará de este siglo al venidero.
Nuestros hermanos reunidos en Tesalónica hace ya dos mil años fueron consolados con la certeza de que los que «duermen en Jesús» no deben temer, pues «los muertos en Cristo resucitarán primero». ¿No es maravilloso? Si temes ese momento de la muerte, vuelve tu mirada a las promesas del SEÑOR, que son sí y amén en Jesucristo. ¡Cristo ha ido delante de nosotros! Mañana nos reuniremos una vez más como cuerpo de Cristo, descansando en los frutos de la resurrección. Que el SEÑOR añada así Su bendición.
«Él murió por mí; hizo Su justicia mía y mi pecado lo hizo Suyo; y si Él hizo Suya mi culpa, entonces yo no la tengo, y soy libre».
— Martín Lutero
Sugerencias para la oración: Reconoce delante del SEÑOR: «Por gracia soy heredero del cielo; ¿por qué dudar, oh corazón tembloroso? Si lo que las Escrituras claramente prometen es cierto y firme en todo sentido, también ha de ser verdad divina: por gracia, la corona de la vida es mía» (TPH 477:1).
