MARTES, 13 DE ENERO
Lectura bíblica: Colosenses 2:1-15
Lucas 22:20: «De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”».
La vida está en la sangre. Si uno pierde toda su sangre, muere. Jesús derramó su preciosa sangre para darnos vida. Esto siempre debe conmover nuestra alma, tocando profundamente nuestras fibras más íntimas. Leemos en el Capítulo 2, Artículo 8 de los Cánones de Dort:
Porque este fue el consejo absolutamente libre, la voluntad misericordiosa y el propósito de Dios Padre: que la eficacia vivificadora y salvadora de la preciosa muerte de Su Hijo se extendiese a todos los elegidos para dotarlos únicamente a ellos de la fe que justifica, y por esto mismo llevarlos infaliblemente a la salvación [Ef 5:25-27]; es decir: Dios quiso que Cristo, por la sangre de Su cruz [Lc 22:20] (con la que Él corroboró el Nuevo Pacto [He 8:6]), salvase eficazmente, de entre todos los pueblos, tribus, linajes [Ap 5:9] y lenguas, a todos aquellos, y únicamente a aquellos, que desde la eternidad fueron elegidos para salvación, y que le fueron dados por el Padre; los dotase de la fe [Fil 1:29], como asimismo de los otros dones salvadores del Espíritu Santo, que Él les adquirió por Su muerte; los limpiase por medio de Su sangre de todos sus pecados [1 Jn 1:7], tanto los originales o connaturales como los actuales, tanto del pasado como los cometidos después de la fe; los guardase fielmente hasta el fin [Jn 10:28] y, por último, los presentase gloriosos ante sí sin mancha ni arruga [Ef 5:27].
(eficacia: capacidad de producir los resultados deseados)
Sugerencias para la oración: Reconoce delante del SEÑOR: «¿Qué puede lavar mi maldad? Solo de Jesús la sangre. ¿Y darme plena salvación? Solo de Jesús la sangre. ¡Precioso es el raudal que limpia todo mal! No hay otro manantial, solo de Jesús la sangre» (TPH 278:1).
