MARTES, 20 DE ENERO
Lectura bíblica: 2 Corintios 5:1-15
2 Corintios 5:5 «Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.»
Una vez más aparece esa palabra tan hermosa: pertenencia. Porque le pertenezco a Jesús. Los creyentes jamás se cansan de confesar su seguridad en Cristo. Los seguidores de Jesús confiesan que, porque le pertenezco, Cristo, por Su Espíritu Santo, me asegura la vida eterna. ¡Qué gloriosa y bienaventurada seguridad! Las buenas nuevas prometen, más aún, garantizan, y convencen de lo que ha de venir. Los discípulos viven con la mirada puesta en el día de la gloria, y damos gracias a Dios por ello.
Este mundo está lleno de incertidumbres. Pero en la santísima fe podemos confesar certeza. Dios nos conducirá de este mundo al venidero, y es obra del Espíritu Santo convencer nuestros corazones de la vida por venir. Los cristianos pueden vivir sabiendo que estamos seguros en las manos de Jesús, y es el Espíritu Santo quien nos asegura que el sostén de Cristo es firme.
Nuestro llamado es a confiar en la palabra del SEÑOR. Qué trágico es saber que tantos de nuestros prójimos viven sin la seguridad que solo puede dar el Espíritu Santo. Millones están perdidos. Muchos permanecen muertos en sus delitos; ciegos a su necesidad de salvación y a la realidad de lo que ha de venir. Y ¡qué llamado el nuestro! Ser instrumentos del SEÑOR para persuadir a otros.
«La verdadera realidad es que, si bien Él vino a predicar el evangelio, su propósito principal al venir fue que hubiese un evangelio que predicar.» —R.W. Dale
Sugerencias para la oración:
«A Cristo pertenezco, Él por mí murió;
Suyo soy, y Él es mío, por la eternidad» (HPH 187:4).
