MARTES, 27 DE ENERO
Lectura bíblica: Juan 8:31-36
Éxodo 20:1-2 «Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre».
Separados de Cristo, seguimos en esclavitud y somos siervos del pecado. Solo Cristo puede liberarnos del poder y de la pena del pecado. Necesitamos liberación; ser librados de la condenación; experimentar verdadera libertad; recibir la doble imputación: mi pecado transferido a Jesús, y Su justicia atribuida a mí. No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos. Jesús, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por Él.
● «¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro» (Ro 7:24-25).
● «Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte» (Ro 8:2).
● «Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres» (Jn 8:36).
● «Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud» (Gá 5:1).
● «Desde la angustia invoqué a JAH, y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso» (Sal 118:5).
● «Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios» (1 P 2:16).
Lo decimos de nuevo: solo Cristo, nuestro Redentor, puede hacernos libres. ¡Gloria, aleluya!
«Sentí como si pudiera saltar de la tierra al cielo de un solo brinco cuando por primera vez vi mis pecados ahogados en la sangre del Redentor» —Charles Spurgeon.
Sugerencias para la oración:
«Oh Señor, nuestro Salvador, ayuda y glorifica Tu nombre; líbranos de todos nuestros pecados y quita nuestra vergüenza» (HPH 79B:2).
