VIERNES, 30 DE ENERO
Lectura bíblica: Salmo 67
Salmo 22:27 «Se acordarán y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de Ti».
El consuelo del evangelio no es solamente para el individuo. Es un consuelo que debe expresarse entre quienes no conocen el consuelo de pertenecer al Señor Jesucristo. No está destinado a guardarse para uno mismo. Es un consuelo que debe compartirse. John Piper lo expresó así: «La adoración es el objetivo y el combustible de las misiones: las misiones existen porque no hay adoración. Las misiones son nuestra manera de decir: el gozo de conocer a Cristo no es un privilegio privado, ni tribal, ni nacional, ni étnico. Es para todos. Y por eso vamos. Porque hemos gustado el gozo de adorar a Jesús, y queremos que todas las familias de la tierra estén incluidas».
Este mundo es, con frecuencia, un valle de lágrimas. Y fuera de Cristo no hay esperanza. Fuera de Cristo hay separación eterna de la gracia de Dios. Fuera de Cristo, hay remordimiento eterno; la Biblia habla de llanto y crujir de dientes. Toda autoridad ha sido dada a Cristo. Y Cristo llama a Su Iglesia a ir y anunciar: a hacer discípulos de todas las naciones, a bautizarlos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y luego a enseñarles todo lo que Cristo ha mandado. Y este llamado viene con la promesa de que Él estará con nosotros siempre. La gran comisión jamás debe convertirse en la gran omisión.
«Es el deber de toda la iglesia predicar todo el evangelio a todo el mundo» —Charles H. Spurgeon.
Sugerencias para la oración:
«A Cristo pertenezco, y muy pronto estaré con mi precioso Salvador allá en la tierra de gloria» (HPH 187:6).
