GOZO EN CONFESAR NUESTRO ÚNICO CONSUELO

SÁBADO, 31 DE ENERO

Lectura bíblica: 2 Corintios 1:1-11

Salmo 136:1 «Alabad a Jehová, porque Él es bueno, porque para siempre es Su misericordia.»

Durante un mes hemos considerado brevemente el único consuelo del cristiano mientras viajamos de este siglo al venidero. ¡Y qué maravilloso es que el testimonio del creyente descanse en Cristo! El Padre de misericordias es el Dios de todo consuelo. Cristo asegura nuestro consuelo. El Espíritu Santo ha sido dado para guiarnos en la Verdad del consuelo (Jn 14:26; 16:13). El Espíritu señala la revelación sobrenatural de toda verdad. Esa verdad está asegurada en Cristo y por Cristo para la gloria del Padre. Y en esto somos consolados. ¡Oh, qué rica bendición es pertenecer a Jesús!

El vacío espiritual de este mundo solo puede llenarse con el perdón y la gracia transformadora de Dios. Esa gracia (Las Riquezas de Dios a Expensas de Cristo) descansa, en última instancia, en pertenecer a Jesucristo. Luchemos con firmeza para que la santísima fe no se vuelva algo común entre nosotros. Estemos alertas, orando para que el SEÑOR nos guarde de desviarnos.

«¡Oh, las profundas e ilimitadas riquezas de Dios merecen nuestra alabanza! ¡Cuán insondables son Sus juicios, cuán maravillosos Sus caminos! ¿Quién ha escudriñado Sus pensamientos, o le dio consejo? ¿Quién podría hacer deudor a Dios, el Señor del cielo? Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas, ahora y por siempre. A Él sea toda la gloria por los siglos. AMÉN» (HPH 226).

«La fe recibe a Cristo, y solo a Cristo, como la totalidad de nuestra justicia ante Dios» —John Owen.

Sugerencias para la oración:
Ora para que el canto de Aleluya jamás se aleje de tus labios ni de tu corazón. Y ora para que mantengamos nuestro enfoque en nuestro propósito: El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre (Catecismo Menor de Westminster, P. 1).

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