MIÉRCOLES 4 DE FEBRERO
Lectura bíblica: 2 Reyes 2:23-25; Génesis 28:10-22
Génesis 35:15: «Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Betel».
El relato de Eliseo en Betel parece severo hasta que consideramos la historia de Betel. Betel significa «casa de Dios» y recibió ese nombre de Jacob después de que tuvo un sueño acerca de una escalera que ascendía al cielo (Gn 28:19). Betel fue llamada más tarde «Bet-avén», que significa «casa de iniquidad» (Os 10:5), porque Jeroboam edificó un templo para un becerro de oro en Betel (1 R 12:28-30).
La burla de los jóvenes reflejaba la mentalidad de la comunidad. Se burlaban de él, no solo por su cabeza calva, sino porque era un profeta de Dios y no un seguidor del becerro de oro de Jeroboam. Su frase burlona, «¡Sube, calvo!», probablemente tenía la intención de burlarse de la ascensión de Elías. Sus burlas e incredulidad fueron sombra de las burlas dadas a Jesús en la cruz.
Este breve y triste relato nos recuerda que la religión en sí misma no es ridiculizada por el mundo. Las religiones falsas son aceptadas, así como el culto al becerro era venerado en Betel. Es la religión bíblica, centrada en Cristo, la que es ridiculizada (Jn 15:18-25). También nos enseña que hay bendiciones para aquellos que escuchan la Palabra de Dios y aceptan a Sus mensajeros (2 R 2:19-22), pero juicio para aquellos que rechazan Su Palabra y a Sus mensajeros (2 R 2:24).
Por vía de aplicación, toda la humanidad está o en Betel o en Bet-avén. Pero solo estamos en Betel —en la casa de Dios— mediante la fe salvadora en Su Hijo, quien solo es el camino, la verdad y la vida, el único camino al Padre (Jn 14:6).
Sugerencias para la oración: Si eres miembro de Betel, un hijo de Dios mediante la fe en Cristo, ¡agradece a Dios por Su gracia y misericordia! Si aún estás en Bet-avén, afuera mirando hacia adentro, ora recordando la promesa de Jesús: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera» (Jn 6:37).
