EL USO QUE DIOS HACE DE LO INSIGNIFICANTE

JUEVES 5 DE FEBRERO

Lectura bíblica: 2 Reyes 3:1-12

1 Corintios 1:26-29: «Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia».

Este pasaje nos recuerda que el Señor a menudo usa personas y acontecimientos insignificantes para cumplir Sus propósitos, pues nada es demasiado difícil para Él.

Cuando los tres reyes se dieron cuenta de cuán peligrosa era su situación, Josafat preguntó dónde podrían encontrar un profeta del Señor. ¿Quién señaló el camino hacia Eliseo? Fue un oficial sin nombre del rey. Fue solo una persona común y corriente quien respondió: «Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías» (v. 11).

Verter agua sobre las manos se refiere a una tarea humilde que Eliseo tenía en su servicio con Elías. Eliseo había dejado la próspera granja de su familia para convertirse en un humilde siervo de Elías. Durante ese tiempo, alrededor de una década, nada se escribe sobre el servicio de Eliseo. Pero deducimos del versículo 11 que sirvió con buena voluntad en cualquier tarea que se le asignara, incluso la humilde tarea de proveer agua para Elías. Es un ejemplo de lo que Pablo escribiría a los Colosenses: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col 3:23).

Puede que te sientas insignificante, como si no hubiera un propósito para ti en el reino de Dios, pero Dios no tiene personas insignificantes. Incluso aquellos cuyos nombres no conocemos son conocidos por Dios, porque Él nos conoce a cada uno de nosotros por nombre, ¡y tiene un propósito para nuestras vidas!

Sugerencias para la oración: Agradece al Señor que Él tiene un propósito para ti. Pídele que revele Su propósito para ti con claridad, y luego esfuérzate por vivir conforme al propósito de Dios —Su voluntad— para tu vida.

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