VIDA DE LO ALTO

LUNES 9 DE FEBRERO

Lectura bíblica: 2 Reyes 4:32-37; Ezequiel 37:1-14

Efesios 2:1, 4-5: «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados […] Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)».

Vemos el poder de la fe y la oración en este pasaje, pero sobre todo, el pasaje nos enseña el poder de Dios para impartir vida tanto al cuerpo como al alma. La resurrección del niño es una sombra de la resurrección de Jesús y de todos los que tienen fe en Él. También retrata la vida espiritual que Dios imparte por gracia a todos los que tienen fe en Jesús, porque estábamos muertos en nuestros pecados y transgresiones (Ef 2:1-5).

El acto de Eliseo de soplar en la boca del niño retrata el aliento del Espíritu Santo que sopla el aliento de vida eterna en aquellos que están espiritualmente muertos. Señala hacia la verdad que Jesús habló en Juan 3:5-7: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo».

En la tumba de Lázaro, Jesús habló estas palabras familiares: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?» (Jn 11:25-26).

Marta respondió con fe sincera y gozosa. Ella creyó en Cristo y en Su poder para dar vida a los muertos, no solo físicamente, sino espiritualmente. Por la gracia de Dios, ¡que lo mismo sea cierto para ti y para mí!

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque nos ha dado nacimiento espiritual y también «juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús» (Ef 2:6-7).

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