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UNA PREGUNTA MUY IMPORTANTE: ¿CUÁL ES TU ÚNICO CONSUELO EN LA VIDA Y EN LA MUERTE?

AÑO NUEVO, JUEVES 1 DE ENERO

Lectura bíblica: Isaías 40:1-11

Isaías 40:1: «Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios».

Por la gloriosa gracia de Dios hemos entrado al año de nuestro SEÑOR 2026. Y mientras las «horas, días, años y siglos huyen veloces como sombras que se mueven», los creyentes avanzan día a día con la confianza en las grandes promesas de Dios. ¿Y dónde estaríamos sin esas preciosas promesas?

A medida que el lienzo del nuevo año (si Dios quiere) se extiende ante nosotros, habrá momentos de incertidumbre (humanamente hablando) y quizás dudas persistentes. El escenario mundial está en crisis. ¿Cómo deben avanzar los cristianos? La pregunta inicial del Catecismo de Heidelberg, junto con su respuesta, es un fundamento para nuestro caminar con el SEÑOR. Cada día, una y otra vez, debemos volvernos al SEÑOR en busca de Su guía por medio de Su Palabra y mediante la obra del Espíritu Santo. Cada día, una y otra vez, necesitamos fijar los ojos en Jesús (He 12:1). Aunque no sabemos lo que depara el futuro, sí sabemos quién lo sostiene. Siempre debemos creer que nuestro cuidado está en Sus manos protectoras.

Hace mucho tiempo, Isaías pronunció palabras de consuelo a la comunidad del pacto, declarando que su iniquidad había sido perdonada. Necesitamos el consuelo de ese mismo perdón. Pídelo. Da gracias al SEÑOR por Sus misericordias abundantes. Necesitamos el consuelo de saber que nuestro SEÑOR va delante de nosotros. Necesitamos el consuelo que confiesa que le pertenecemos a Jesús.

«Si el Señor está con nosotros, no tenemos por qué temer. Su mirada está sobre nosotros, Su brazo sobre nosotros, Su oído abierto a nuestra oración; Su gracia es suficiente, Su promesa inmutable».
— John Newton

Sugerencias para la oración: Da gracias al SEÑOR porque puedes cantar: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice Dios, habladle paz; consolad a los que lloran bajo su carga de aflicción. Proclamad a Jerusalén que ya viene su bien; decid que su culpa es quitada, y su lucha ha de cesar» (TPH 298:1).

INTRODUCCIÓN AL MES DE ENERO

por Rev. Peter Vellenga

Nuestras devociones para comenzar el Año de nuestro SEÑOR 2026 estarán basadas en la enseñanza del Día del Señor 1 del Catecismo de Heidelberg. Seguiremos nuestra amada declaración inicial, frase por frase.

Nuestra mayor necesidad es el Señor Jesucristo: pertenecerle como Su posesión, pertenecer a nuestro Redentor en cuerpo y alma, y pertenecer a nuestro Salvador a lo largo del peregrinaje de esta vida, mirando más allá de nuestra muerte hacia el siglo venidero. Qué bendición incomparable es confesar que Cristo ha pagado por completo los pecados de aquellos que le pertenecen.

La Biblia enseña que hay un león en nuestras calles, rondando, buscando a quién devorar. Ser liberados de la tiranía del diablo es un gran consuelo. El mayor consuelo del creyente es pertenecer a Jesús.

Sí, nuestro fiel Salvador Jesucristo es nuestro único consuelo. Nos pertenece en la soledad y en la comunión de la vida congregacional. Nos pertenece en medio del bullicio y el ruido a menudo estridente de la vida en sociedad. Nos pertenece cuando atravesamos el valle de las lágrimas y al fijar nuestra mirada en el siglo venidero. Nuestro único consuelo es lo que necesitamos en toda situación de la vida.

Las lecturas bíblicas hablarán por sí solas. La mayoría de las meditaciones concluirán con una cita como alimento para la reflexión. Las sugerencias para la oración estarán basadas en una estrofa del Trinity Psalter Hymnal. Que el SEÑOR añada Su bendición a nuestras meditaciones en común.

Catecismo de Heidelberg: Domingo 1

1. ¿Cuál es tu único consuelo en la vida y en la muerte?

Que yo en cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, quien con Su preciosa sangre ha hecho una satisfacción completa por todos mis pecados y me ha librado de todo el poder del diablo. Además, Él me preserva de tal forma que, sin la voluntad de mi Padre celestial, no puede caer ni un cabello de mi cabeza: más aún, todas las cosas deben servir para mi salvación. Por lo tanto, mediante Su Espíritu Santo, también me asegura que tengo vida eterna y me prepara y dispone de corazón para que viva para Él, de aquí en adelante.

2. ¿Cuántas cosas necesitas saber para que, gozando de este consuelo, puedas vivir y morir felizmente?

Tres: la primera, cuán grandes son mis pecados y mi miseria; la segunda, cómo puedo ser librado de todos mis pecados y de mi miseria; la tercera, cómo debo expresar mi gratitud a Dios por tal liberación.

    Acerca del autor del mes de enero:

    El reverendo Peter Vellenga es el autor correspondiente al mes de enero. Actualmente sirve como predicador itinerante, proclamando la Palabra en diversas denominaciones y federaciones reformadas. También participa activamente en varios contextos de voluntariado. Anteriormente pastoreó congregaciones en Aylmer y Clinton, Ontario. Él, junto contigo, espera con anhelo el cumplimiento pleno de nuestro único consuelo. Peter y su esposa Judith residen en Delaware, Ontario (¿puedes encontrarlo en un mapa?:) y han sido bendecidos con ocho hijos y una creciente descendencia de nietos.

    Y EL NIÑO CRECÍA…

    MIÉRCOLES, 31 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Lucas 2:39-40

    Lucas 2:40: «Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él».

    Lucas resume la infancia de Jesús en Lucas 2:39-40: «Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret» (Lc 2:39). Por diseño divino, Jesús fue criado por padres terrenales que confiaban en Dios y obedecían Su ley. Ellos criaron a Jesús y a Sus hermanos en esa misma obediencia.

    Lucas nos dice que Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría. Jesús tuvo que crecer física y espiritualmente, como nosotros. Tuvo que aprender sabiduría. Tuvo que aprender el oficio de Su padre terrenal. Necesitó años de formación antes de poder emprender la misión de Su Padre celestial. La necesidad de crecer, ser instruido y someterse a la enseñanza fueron maneras en que se humilló voluntariamente al hacerse uno de nosotros en nuestro lugar.

    Jesús volvió a trazar nuestros pasos desde la concepción hasta la muerte para redimir cada etapa de la vida humana. En todo momento vivió la vida que nosotros debimos vivir delante de Dios. Con Su obediencia activa, acumuló un historial perfecto como Hijo fiel de Dios. Cuando confesamos nuestro pecado y acudimos a Dios en busca de gracia y perdón, Él acredita a nuestra cuenta el historial justo de Cristo. Y nos asegura que también acreditó a Cristo nuestro historial de pecado, para que Él pagara por nosotros.

    En Cristo, también nosotros podemos crecer, fortalecernos y llenarnos de sabiduría. Nosotros también estamos siendo entrenados para la eternidad, en la presencia y el servicio de Dios. Que la gracia de Dios esté sobre ti al comenzar un nuevo año con Él.

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por la obediencia activa de Jesús en tu lugar y por la justicia de Cristo acreditada a tu cuenta. Ora para que sigas creciendo en la gracia y disfrutes del favor de Dios sobre ti al entrar en el 2026.

    ANA

    MARTES, 30 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Lucas 2:36-38

    Lucas 2:38: «Y esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén».

    Ese día, dos ancianos sorprendieron a José y a María en el templo. El primero fue Simeón. La segunda fue una mujer de ochenta y cuatro años llamada Ana. El templo era la morada de Dios en medio de Su pueblo. Qué apropiado encontrar allí al Emanuel.

    Lucas nos dice que Ana era profetisa, de la tribu de Aser. Aser había sido una de las tribus más al norte del antiguo Israel. Fue una de las primeras en caer bajo el Imperio asirio, junto con las otras del reino del norte. Pero Dios, en Su fidelidad, preservó un remanente aun de estas tribus para vivir en comunión de pacto con Él, mientras esperaban y oraban por la venida del Mesías. Ana representa a ese remanente fiel. Estuvo casada durante siete años antes de enviudar. Desde entonces vivió como viuda. Ahora permanecía en los atrios del templo, adorando, orando y ayunando de día y de noche.

    Se acercó a José y a María cuando se dio cuenta de que su bebé era el tan esperado Mesías. Al verlo, respondió de dos maneras. Primero, comenzó a dar gracias a Dios. Segundo, comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. ¡Esta noticia era demasiado buena para que esta profetisa se la guardara! Tenía que decirle a otros que el Mesías había venido. Tenía que contar que lo había visto con sus propios ojos. Quizás las semillas de su testimonio quedaron sembradas en algunos corazones, listas para germinar cuando Jesús comenzara Su ministerio treinta años más tarde.

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por preservar un pueblo a través de los siglos que confíe en Él, lo ame, lo adore y proclame el evangelio de Jesucristo. Ora para que Dios te use a ti también para proclamar a Cristo como lo hizo Ana.

    SIMEÓN (PARTE 2)

    LUNES, 29 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Lucas 2:25-35

    Lucas 2:34-35: «Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones».

    Simeón pasa ahora de la alabanza a la profecía. Luego de bendecir a Dios, bendice a José y a María. Entonces se dirige directamente a María.

    No todos recibirán a su Hijo y Su salvación como lo hizo Simeón. No todos se regocijarán por Su venida. Muchos tropezarán con Jesús y con Su mensaje, como con una piedra. «Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados» (Is 8:15a).

    Su Hijo será «señal que será contradicha… para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones». Mientras Jesús avance en la misión del reino de Dios, Satanás levantará oposición contra Él. Frente a Jesús, el corazón de muchos religiosos en Israel quedará al descubierto. ¿Había realmente confianza y amor por Dios en el centro de su vida religiosa? Eso quedará claro cuando se encuentren con Jesús y reconozcan a Dios en Él y lo reciban. ¿Estaban sus corazones lejos de Dios, aunque ofrecieran culto exterior? Eso quedará claro cuando se encuentren con Jesús y rechacen a Dios en Él. Así fue entonces. Así sigue siendo hoy.

    Simeón advierte a María que una espada traspasará también su alma. Su alma será herida al ver cómo tratan a su Hijo. Será herida al ver a los miembros de su congregación volverse una turba violenta que intenta lanzarlo por un precipicio. Será herida al verlo sufrir, sangrar y morir en una cruz. El camino de su Hijo hacia la corona pasa por la cruz.

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Cristo enfrentó voluntariamente una oposición mortal para salvarnos. Ora por gracia para ir más allá de la religión exterior y recibir y descansar en Jesucristo como tu Salvador y Señor.

    SIMEÓN (PARTE 1)

    DOMINGO, 28 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Lucas 2:25-33

    Lucas 2:29-33: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él».

    José y María estaban en el templo para consagrar a Jesús y ofrecer el sacrificio de purificación. Al cruzar los atrios del templo, la mayoría solo veía a un bebé ordinario.

    Sin embargo, un anciano se acercó a ellos. Simeón era un verdadero creyente que confiaba en Dios y anhelaba la venida del Mesías. El Espíritu le había revelado que vería al Mesías antes de morir. Se apresuró hacia Jesús y lo tomó en sus brazos. Gracias a la revelación de Dios y al testimonio interno del Espíritu, ¡vio a su Salvador!

    Con el Mesías en brazos, Simeón bendijo a Dios y dijo: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2:29-32).

    Por la fe, Simeón creyó lo que la Biblia decía acerca de Jesús. Se regocijó de que Jesús redimiría tanto a gentiles como a judíos, a personas de toda tribu y nación. «Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel. También te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra» (Is 49:6).

    ¿Crees tú lo que la Biblia dice acerca de Jesús? ¿Lo recibes como tu Salvador y Señor? ¿Anhelas verlo, como lo hacía Simeón?

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque nuestro tan esperado Jesús volverá para hacer nuevas todas las cosas. Ora: «Ven, oh Jesús esperado, tú que das la libertad; de temores y pecados líbranos, danos en ti descansar».

    SANTO PARA EL SEÑOR

    SÁBADO, 27 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Éxodo 13:1-2,11-16

    Lucas 2:22-24: «Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: un par de tórtolas, o dos palominos».

    Desde la cuna hasta la cruz, nuestro Señor Jesús se humilló a sí mismo en nuestro lugar como quien está bajo la ley. Esto comenzó con su circuncisión a los ocho días de nacido y continuó con su consagración al Señor como primogénito a los cuarenta días.

    José y María siguieron la instrucción del SEÑOR en Éxodo 13. El SEÑOR mandó a su pueblo a responder a su gracia redentora con ofrendas costosas y de primicias. Los adoradores sacrificaban sus animales machos primogénitos al SEÑOR. Sin embargo, el SEÑOR ordenó a los padres redimir a sus hijos primogénitos con un cordero sacrificial, como recordatorio de la Pascua, cuando el SEÑOR proveyó la sangre de un cordero para librar a los primogénitos de Israel.

    Israel fue identificado como el hijo primogénito de Dios, redimido por la sangre de animales en su lugar. Israel se identificaba con Isaac en Génesis 22, donde Dios mandó a Abraham sacrificar a su hijo unigénito, pero luego le perdonó la vida proveyendo un carnero en su lugar.

    Los padres presentaban a sus hijos primogénitos redimidos ante el Señor para consagrarlos a su servicio. Eso fue lo que hicieron José y María al llevar a Jesús al templo. Poco sabían que el SEÑOR no perdonaría a su Hijo Primogénito, como lo había hecho con Isaac, con Israel y con los primogénitos de Israel. Como el Cordero pascual, Él moriría por todos los hijos de Dios en la «iglesia de los primogénitos» (Heb 12:23). «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Ro 12:1).

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque consagró a su Hijo Primogénito para vivir y morir como nuestro sustituto. Ora por gracia para ofrecerte a ti mismo como sacrificio vivo en respuesta agradecida.

    NACIDO BAJO LA LEY

    VIERNES, 26 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Gálatas 4:1-6

    Lucas 2:21: «Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido en el vientre».

    Volvemos a Lucas 2. Los pastores ya se han ido. Los magos aún no han llegado. Jesús tiene ocho días de nacido. En obediencia al ángel, José y María le ponen por nombre Jesús (Mt 1:21). En obediencia a la ley, lo circuncidan.

    Dos mil años antes, el SEÑOR había ordenado a Abraham aplicar la circuncisión, como señal del pacto, a todos los varones nacidos dentro de la familia del pacto al octavo día (Gn 17:12). La circuncisión proclamaba la necesidad de limpieza y renovación espiritual. Proclamaba también la promesa de Dios de incluir, limpiar y renovar a los creyentes y a sus hijos dentro de su familia de pacto. Como señal sangrienta, declaraba también: «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (He 9:22).

    Jesús era sin pecado. ¡No necesitaba limpieza! ¡No necesitaba renovación espiritual! Sin embargo, se identificó con nosotros, humanos pecadores, al recibir la señal de inclusión, limpieza y renovación dentro de la familia del pacto de Dios. Esto fue parte de su humillación.

    Pablo diría más tarde: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gá 4:4-5). Fue por nuestra limpieza e inclusión en la familia del pacto que Jesús se sometió a la circuncisión.

    El derramamiento de su sangre marcó el inicio y el final de su vida en la tierra. Su sangre asegura nuestra inclusión, limpieza y renovación espiritual dentro de la familia del pacto de Dios.

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Jesús escogió identificarse con nosotros como humanos pecadores, para que nosotros, por gracia, nos identifiquemos con Él como hijos del pacto de Dios. Ora para que nuestros hijos abracen su lugar y propósito en la familia del pacto mediante la fe en Cristo.

    ¿PRESENTES O PRESENCIA?

    JUEVES, 25 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Lucas 2:1-20

    Juan 1:14: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».

    Sus padres lo colmaron de regalos. Sin embargo, él deseaba que hubieran estado más presentes. Le dieron muchos presentes, pero lo que más anhelaba era su presencia. Nuestra necesidad más profunda es ser restaurados a la vida en la presencia de Dios. «En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre» (Sal 16:11).

    Dios el Hijo se hizo carne y habitó entre nosotros como Emanuel, Dios-con-nosotros, para expiar nuestro pecado y restaurarnos a la vida en la presencia de Dios. Todos los que se apartan del pecado y confían en Cristo disfrutan ya de su presencia, por el poder del Espíritu. «Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

    ¡Jesús es el regalo navideño supremo de Dios para nosotros! Recíbelo por la fe y encontrarás que todos los demás regalos de Dios vienen envueltos en Él: perdón, justicia, paz, adopción, el Espíritu, crecimiento y fruto espiritual, propósito, herencia y resurrección.

    Un hombre rico perdió a su único hijo. Puso su herencia en subasta. Cientos acudieron, esperando obtener algún tesoro. La subasta comenzó con un retrato del hijo amado. «¿Mil dólares?» Nadie ofertó. «¿Diez dólares?» Silencio. De repente, un amigo del hijo levantó la mano. «Una vez, dos veces, vendido». El hombre emocionado reclamó el retrato de su amigo. Entonces el subastador sorprendió a todos: «Con esto concluye la subasta de hoy. El que se lleva al hijo, se lleva todo».

    El que tiene al Hijo, lo tiene todo. Feliz Navidad.

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por su regalo supremo de Navidad, Jesucristo, y por todos los dones que recibimos en Él. Ora para que crezcas en tu aprecio por Cristo y sus regalos cada día más.

    EMMANUEL

    MIÉRCOLES, 24 DE DICIEMBRE

    Lectura bíblica: Éxodo 40:34-38

    Juan 1:14: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».

    Pasamos de Lucas 2 a Juan 1 para meditar en el misterio de Jesús como Emanuel. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros». El Verbo es Dios el Hijo, la eterna y todopoderosa Palabra de Dios, por medio de quien creó el mundo, se ha revelado y nos ha redimido. Este Verbo fue hecho carne. Se hizo verdaderamente humano como nosotros, pero sin pecado y sin dejar de ser Dios.

    Juan 1:14 dice literalmente: «El Verbo fue hecho carne y plantó su tienda entre nosotros». Es una alusión a Éxodo 40:34-38. En Éxodo, el SEÑOR libró a su pueblo, hizo un pacto con él y le dijo: «Voy a plantar mi tienda en medio de las suyas y vendré a habitar entre ustedes». Contenemos la respiración en Éxodo 32 cuando Israel traiciona a su Dios fiel adorando un becerro de oro. ¡Seguramente Yahvé no va a mudarse ahora en medio de ellos! Sorprendentemente, Él continúa con su programa de construcción y se instala en medio de su pueblo (Éx 40:34-38).

    ¿Cómo puede el Dios santo habitar entre un pueblo así? Eso requiere la sangre sacrificial de otro. «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Jn 1:29).

    Lo que el SEÑOR hizo en Éxodo 40 fue radical. Pero mucho más radical fue la forma en que vino a habitar entre nosotros como Emanuel, Dios-con-nosotros, en Jesucristo. En Cristo, Dios se unió al hombre de la manera más íntima. Vino como Emanuel para revelarnos al Padre, redimirnos con su sangre y restaurar nuestra comunión con Dios.

    Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por su plan radical de redención al hacerse Emanuel en Jesucristo. Ora para que otros en tu vida sean restaurados a la comunión con Dios por medio de la fe en Él.