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DOXOLOGÍA

MARTES, 23 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Efesios 1:3-14

Lucas 2:20: «Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho».

Lucas 2:8-20 comienza con el evangelio y termina con los pastores glorificando a Dios. «Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho». Hemos pasado del evangelio a la gloria, de la teología a la doxología.

La teología, el estudio de Dios y de su revelación especial, nunca debe ser un fin en sí mismo. El entendimiento teológico y el conocimiento bíblico no deben dejarte orgulloso, con un aire de superioridad. Como dice Pablo en 1 Corintios 8:1: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica».

No, la teología debe llevarnos a la doxología. El conocimiento de Dios debe conducir a la adoración de Dios. El estudio de Dios debe dar fruto en una apreciación, admiración y adoración cada vez más profundas. Después de todo, nuestro fin principal es «glorificar a Dios y gozar de Él para siempre» (Catecismo Menor de Westminster, P&R 1).

El evangelio de Cristo, al conducirlos a la presencia de Cristo, ha convertido a estos pastores en adoradores de Dios. El teólogo John Piper dijo una vez: «Las misiones existen porque no hay adoración». El último versículo de los Salmos proclama la meta de la historia de la redención: «Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya» (Salmo 150:6).

La oración extensa de Pablo en Efesios 1:3-14 comienza con Dios eligiendo a sus hijos antes de la creación, y nos conduce de forma insistente a la meta final: «para alabanza de su gloria» (Efesios 1:12,14).

Que por la gracia de Dios podamos unirnos a los pastores «glorificando y alabando a Dios» por todo lo que hemos oído y visto, tal como se nos ha dicho.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque nos está transformando en hijos que le glorificarán y gozarán de Él para siempre. Ora para que la teología produzca doxología en tu vida y en la vida de tu comunidad de iglesia.

LA MEDITACIÓN DE MARÍA

LUNES, 22 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Efesios 3:14-21

Lucas 2:19: «Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón».

Lucas deja brevemente a los pastores exuberantes y enfoca la atención en María, la madre de Jesús. María y José han tenido mucho que procesar en los últimos nueve meses, mientras procuran comprender quién es este niño y quién llegará a ser. Los eventos de esta noche los han vuelto a asombrar, dejándoles aún más cosas para meditar. Sin duda, la repentina llegada de los pastores y su testimonio tan impactante impulsaron una nueva reflexión.

Por eso, «María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». «Guardar» significa conservar algo importante en la mente y repasarlo de vez en cuando para reflexionar sobre ello. «Meditar» significa pensar profundamente en algo y conversarlo interiormente con uno mismo.

Lucas 1:26-38 nos presenta a María como una joven de fe. Aunque el milagro del nacimiento virginal la sorprendió, ella se ofreció humildemente al servicio de Dios y recibió en su vientre al Hijo de Dios.

Desde aquel momento, la comprensión de María sobre su Hijo tuvo que crecer junto con Él. A medida que Cristo reveló su gloria durante su ministerio, muerte y resurrección, su madre tuvo que meditar de nuevo sobre su persona y su obra. La revelación, meditada con fe, amplió su visión de Él, así como su confianza, amor y lealtad hacia Él.

Que esto también sea verdad en nosotros, mientras Cristo ensancha nuestra visión de Él, fortalece nuestra fe en Él y profundiza nuestro amor por Él. Que crezcas hasta «conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios» (Efesios 3:19).

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Él nos revela a Cristo en su Palabra. Ora para que el Espíritu Santo continúe ampliando tu visión de Cristo, así como tu confianza, amor y lealtad hacia Él.

VE, CONOCE Y COMPARTE

DOMINGO, 21 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: 1 Juan 1:1-4

Lucas 2:17-18: «Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían».

¿Cómo respondieron los pastores a las buenas nuevas del nacimiento de Cristo? Corrieron hacia Él, lo encontraron, y luego corrieron a contarle a otros acerca de Él. Fue una respuesta de «Ve, conoce y comparte» al evangelio. Esta es la respuesta que el Espíritu Santo produce en los hijos de Dios.

¡Buenas nuevas! Es domingo. Nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, está por hacerse presente por medio de su Palabra y de la adoración en tu iglesia local. Es tiempo de responder con un «Ve, conoce y comparte». Ve a tu iglesia local. Pídele al Espíritu Santo que abra tu corazón para encontrarte con el Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que llegues a conocerle o a conocerle más profundamente.

Luego, cuéntales a otros acerca de Él, quién es y lo que significa para ti. Comienza con los que están más cerca de ti. Pídele a Dios convicción creciente, valor y amor para hablarles de Cristo a quienes todavía no le conocen. Pídele también oportunidades para hacerlo.

Nosotros podemos contarles a otros quién es Cristo y lo que ha hecho por nosotros. Solo el Espíritu puede abrir sus mentes y corazones para que vean y reciban a Jesús en el evangelio. Por eso debemos orar por ellos.

«Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían». Es probable que no hayan creído ese mismo día solo por el testimonio de los pastores. Sin embargo, los pastores sembraron semillas del evangelio que tal vez produjeron fruto después de la muerte y resurrección de Jesús.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque el Espíritu Santo produce fe viva en los corazones de sus hijos mediante la predicación del evangelio. Ora para que el Espíritu Santo produzca en ti una respuesta de «Ve, conoce y comparte».

LOS QUE BUSCAN, HALLARÁN

SÁBADO, 20 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Juan 12:20-32

Lucas 2:15-16: «Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado”. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre».

El ángel les había prometido a los pastores: «Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre», en Belén, la ciudad de David. Los pastores pusieron su fe en acción y lo hallaron donde Dios había dicho que lo hallarían. Y también lo hallaron tal como Dios había dicho: acostado en un pesebre.

¿Quieres hallar a Cristo? Entonces búscalo donde Él promete hacerse presente. Búscalo mañana en la adoración, en una iglesia donde Cristo sea proclamado y adorado de manera fiel, verdadera y cálida.

Búscalo en su Palabra, la Biblia, y en la oración. A menudo animo a quienes están comenzando a explorar la Biblia y a Cristo a iniciar en uno de los evangelios. Les digo: «Primero, pídele a Jesús que se revele a ti en lo que leas. Segundo, lee una sección breve. Tercero, ora a Dios en respuesta a lo que leíste. Cuéntale lo que te impactó, confundió, inquietó o entusiasmó. Haz lo mismo cada día». Busca a Jesús donde Él promete hacerse presente, y lo hallarás. En realidad, Él te hallará a ti.

Búscalo en la comunión con su cuerpo, entre los hermanos y hermanas por medio de los cuales Él te habla, anima, confronta, reprende e intercede por ti.

En Juan 12:20-32, algunos griegos se acercaron a Felipe y le dijeron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús». Jesús respondió con esta promesa: «Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo» (Jn 12:32).

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Cristo se manifiesta donde ha prometido: en la adoración, en los medios de gracia y en la comunión de los creyentes. Ora para que Él abra tu corazón, y el de otros, a buscarlo y recibirlo allí.

«PASEMOS»

VIERNES, 19 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Santiago 1:22-25

Lucas 2:15: «Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado”».

El ángel acaba de anunciar buenas nuevas de gran gozo: «que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (Lc 2:11-12).

Los pastores asombrados se sentaron a comentar lo vivido: «Ese ángel tenía un gran mensaje. Además, ¡qué buen orador! Y el coro celestial fue impresionante. Bueno… ¿nos vamos por un cafecito? ¿Quién se apunta?»

No, eso no fue lo que ocurrió. Aquellos pastores acababan de recibir la noticia de última hora: el tan esperado Jesús había nacido cerca de allí, en Belén. El ángel les había dado instrucciones precisas para encontrarlo.

Ante el anuncio de que Cristo ha llegado a tu vecindario, solo hay una respuesta apropiada: ¡ir a buscarlo! Eso fue lo primero que hicieron los pastores cuando los ángeles volvieron al cielo. «Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado». Aquellos hombres fueron hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores. Su fe quedó demostrada por sus pasos, en respuesta al evangelio.

¿Y tú? ¿Los sermones que escuchas desde el púlpito o en tus podcasts te impulsan a buscar al Cristo que anuncian? ¿Te mueven a confiar y obedecerle? ¿O solo alimentan conversaciones de sobremesa sin más consecuencia?

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque el Cristo anunciado en el evangelio está al alcance de todos los que lo buscan. Ora para que el Espíritu Santo te impulse a buscar a Cristo en respuesta a su voz en el evangelio.

PAZ EN LA TIERRA

JUEVES, 18 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 1:67-80

Lucas 2:13-14: «Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”».

El evangelio de Cristo trae gloria a Dios en las alturas. También trae paz en la tierra. Trae paz en la tierra «para con los hombres de buena voluntad». Una traducción más literal del griego sería: «paz entre los hombres de su beneplácito».

¿Anhelas la paz en la tierra? ¿Anhelas un mundo sin más guerras, sin violencia ni derramamiento de sangre? ¿Anhelas un mundo sin divorcios, sin conflictos familiares, sin amargura, traiciones, amistades rotas ni enemistades entre personas y pueblos? ¿Anhelas estar en paz con Dios, con los demás y contigo mismo?

Solo las personas «de su beneplácito» disfrutarán eternamente del tipo de paz prometido aquí. El «beneplácito» mencionado en Lucas 2:14 es el favor que Dios tiene para con sus hijos en Cristo. Se deleita en ellos únicamente porque, por la fe, participan del estado agradable de Cristo ante el Padre. Gracias a Cristo, y a su vida perfecta y su muerte en nuestro lugar, Dios ahora nos dice lo que una vez le dijo a Jesús: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia» (Lc 3:22b).

Los hijos perdonados de Dios disfrutan de paz con Él por medio de la fe en Cristo (véase Ro 5:1). Su Espíritu luego nos capacita para vivir en paz con nuestros hermanos y hermanas en la fe (véase Ef 2:14-18; 4:1-3; Ro 12:18). En última instancia, la «paz en la tierra» incluirá una armonía perfecta con Dios, entre nosotros, en nuestro interior y con el resto de la creación. Entonces daremos «gloria a Dios en las alturas» perfectamente y para siempre.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por el favor inmerecido y la paz que disfrutamos en Cristo. Ora por el poder del Espíritu Santo para ser un pacificador como Cristo en tus relaciones y en tu ámbito de influencia.

GLORIA A DIOS

MIÉRCOLES, 17 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Romanos 11:33-36

Lucas 2:13-14: «Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”».

Una querida hermana de mi congregación, que ya partió con el Señor, se me acercó un día de Navidad después del sermón sobre este pasaje. «Pastor», me dijo, «la Biblia no dice que los ángeles cantaron estas palabras». Le concedí que tenía razón. Supongo que me encanta la idea de un gran coro celestial entonando estas frases. ¡Ciertamente, desde entonces estas palabras se han puesto en música hermosa!

Cantadas o habladas, estas palabras proclaman dos grandes resultados que fluyen de la maravillosa obra de Dios al enviar a su Hijo al mundo. El primer gran resultado es: «Gloria a Dios en las alturas». El segundo es: «en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres».

Dios merece toda la gloria por su impresionante obra redentora a nuestro favor en Cristo, comenzando con la encarnación. Merece ser reconocido, admirado y adorado por su glorioso carácter y atributos revelados en Cristo, y por su obra salvadora a nuestro favor. De hecho, el propósito de la obra redentora de Dios es atraernos de nuevo a la comunión con nuestro Dios trino, para glorificarle y gozar de Él por siempre.

La doxología de Romanos 11 proclama el propósito y el resultado de los caminos asombrosos de Dios: sus caminos soberanos para redimir un pueblo que lo glorifique, desde la elección hasta la glorificación. «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!… Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén» (Ro 11:33a,36).

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios, de forma específica, por todo lo que ha hecho por ti en Cristo y por lo que eso revela de su carácter. Ora para que el evangelio te llene cada vez más de asombro, reverencia y adoración por nuestro Dios trino.

SOLO JESÚS RECIBE EL CORO

MARTES, 16 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Apocalipsis 5:1-14

Lucas 2:13-14: «Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”».

Isaac, Sansón y Juan el Bautista: ¿qué tienen en común? Todos recibieron anuncios celestiales de nacimiento. Recibieron anuncios celestiales incluso antes de ser concebidos, como hombres que Dios eligió para usar en su plan de salvación.

Nuestro Señor Jesús también recibió un anuncio celestial antes de ser concebido. Pero recibió mucho más. Recibió un anuncio celestial inmediatamente después de nacer: «He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lc 2:10b-11).

Sobre todo, ¡sólo Jesús recibe el coro! Sólo cuando nace Jesús, el ejército entero del cielo irrumpe en alabanza tras el anuncio de su nacimiento. Y así debe ser. La venida del Hijo de Dios, que también es Dios el Hijo, es el punto culminante de la historia de la salvación. ¡Los ángeles no pueden contenerse!

El coro del ejército reaparece en Apocalipsis 5. Millones de seres celestiales claman en respuesta al reconocimiento de que Cristo resucitado y reinante ha tomado su lugar exaltado al frente de la historia redentora. En Apocalipsis 5:13-14, toda la creación se une al coro. Ese es el objetivo de la historia: que los hijos escogidos de Dios, redimidos en Cristo, junto con toda la creación, tomen su lugar en el coro jubiloso para glorificarle y gozar de Él para siempre. «¡Todo lo que respira alabe a JAH! ¡Aleluya!» (Sal 150:6).

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por las razones que nos ha dado en Cristo para cantar y aclamar junto con los ángeles. Pide al Espíritu Santo que despierte de nuevo tu corazón a la gloria y la gracia de Dios, para que puedas alabarle más plenamente con tus labios y con tu vida.

UNA SEÑAL

LUNES, 15 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Isaías 53:1-3

Lucas 2:12: «Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

El ángel acababa de anunciar a los pastores nuevas de gran gozo. El Señor había enviado al hijo de David a la ciudad de David. Había nacido para ellos como su Salvador, su Cristo y su Señor.

Era mucho para asimilar. En su bondad, el Señor les dio una señal que confirmara su asombrosa palabra. Hallarían a un bebé envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Si tropezaras con un bebé acostado en un pesebre y alguien te dijera: «¡Este es nuestro Salvador, Cristo el Señor!», ¿le creerías? Probablemente no. Esperarías hallarlo en una mansión, rodeado de guardias, viviendo en lujos… a menos que Dios mismo te hubiera dicho: «Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

La señal confirma la palabra. También confirma qué tipo de Salvador es: un Salvador humilde, que «no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos» (Is 53:2b). Esto fue cierto en su nacimiento, en su vida y en su muerte.

Hoy, Cristo confirma su presencia mediante señales humildes y ordinarias: el agua, el pan y el vino. Aquellos que lo buscan y lo reciben por la fe en estas señales, reciben también todos sus beneficios.

Por último, el ángel dijo a los pastores: «Hallaréis al niño…». Tenían que buscarlo para encontrarlo. Y eso mismo es cierto para nosotros hoy.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por darnos señales que confirman su Palabra y fortalecen nuestra fe. Ora por gracia para caminar por fe y no por vista.

CRISTO EL SEÑOR

DOMINGO, 14 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Filipenses 2:5-11

Lucas 2:10-11: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor».

El ángel proclama que el Salvador nacido en Belén es «Cristo el Señor». «Cristo» es la palabra griega para «Mesías». Ambas palabras significan «Ungido». En el Antiguo Testamento, los profetas, sacerdotes y reyes eran ungidos con aceite al ser instituidos, para simbolizar la llenura y el poder del Espíritu Santo necesarios para cumplir su llamado.

En 2 Samuel 7, el SEÑOR prometió a David, su rey ungido en ese momento, que su descendencia se sentaría en su trono para siempre. El pueblo de Dios esperaba a un futuro Ungido, un futuro Cristo, un futuro Hijo de David que redimiría a su pueblo, establecería su reino y reinaría por siempre (véase Catecismo de Heidelberg, P&R 32). Los pastores escuchan ahora que Él ha llegado.

Jesús es también el Señor. Este título establece su gobierno soberano sobre todo y sobre todos. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2:9-11).

Cristo el Señor es nuestro Señor. El Catecismo de Heidelberg pregunta en la P&R 34: «¿Por qué lo llamas “nuestro Señor”?» Y responde con consuelo: «Porque, no con oro ni plata, sino con su preciosa sangre, nos ha redimido de todos nuestros pecados y de la tiranía del diablo, y nos ha hecho suyos, en cuerpo y alma».

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por haber enviado a Jesús como nuestro Cristo y nuestro Señor, y por todo lo que eso significa para nuestra vida. Ora por gracia para confiar en Él y someterte a Él como Señor de todo.