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GRACIA Y PAZ Y LA FE COMÚN

VIERNES, 3 DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Romanos 10:5-21; Tito 1:1-4

Tito 1:4: «A Tito, verdadero hijo en la común fe: gracia y paz de parte de Dios el Padre y de Cristo Jesús nuestro Salvador».

¿Para quién es el evangelio? Algunos dicen que solo para los judíos (véase 1:10). Algunos dicen que solo para los superiluminados (véase 1 Co 3-4). ¿Pertenece únicamente a aquellos que ya lo poseen? Romanos 1:16 dice: «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.» Jesús dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mr 2:17).

La fe es común a todos los escogidos de Dios: judíos, gentiles, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, pobres y ricos, pequeños y grandes, personas que crecieron en la iglesia y personas que no; personas con trasfondos relativamente limpios y personas con trasfondos complicados. Tito era griego (véase Gá 2:3); sin embargo, tiene la fe en común con Pablo. Ambos son salvos por gracia (véase Hch 15:9-11).

Pablo extiende «gracia y paz» a Tito de parte de «Dios el Padre y de Cristo Jesús nuestro Salvador». Este es un saludo típico. Pero que sea típico no significa que carezca de importancia. Tito necesitará gracia y paz; y nosotros también. Necesitamos gracia para permanecer firmes en la fe cristiana, el conocimiento y la esperanza, para adorar y tener comunión con personas difíciles, para andar en caminos piadosos y hacer buenas obras. Necesitamos paz en Cristo para nuestra seguridad (véase 3:4-8), y para seguir viviendo entre personas impías (véase 1:10-16).

Sugerencias para la oración: Ora por gracia y paz de parte de Dios para tu día. Ora por tu seguridad en la gracia de Dios y por el Espíritu Santo para que te ayude a vivir para Dios entre personas impías.

ENCARGADO DE PREDICAR

JUEVES, 2 DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Hebreos 11:1-3; Tito 1:1-4

Tito 1:2-3: «…con la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos, y a su debido tiempo manifestó su palabra por la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador…»

La intención adicional del ministerio del evangelio es producir esperanza. No pensamos tanto en la esperanza como en la fe o el amor. Esperanza significa «expectativa confiada» en contraste con «vista» o «posesión». Esperas salud cuando estás enfermo, o una mejor situación financiera, o la resolución de un conflicto difícil. Cuando tienes buena salud, o estabilidad financiera, o paz, ya no esperas más por ello. Pablo sirve a Dios en Jesucristo por causa de la esperanza de ellos. Para elevar los ojos, los corazones y las mentes por encima de las cosas de este mundo, debemos vivir con esa misma esperanza y expectativa confiada.

Esta esperanza del evangelio se basa en Dios, «que no miente»; es decir, Cristo promete vida eterna en su Palabra, la cual es ciertamente verdadera. En segundo lugar, nuestra esperanza fue «prometida desde antes del principio de los siglos», lo que significa que la vida eterna siempre fue el plan y propósito de Dios para su pueblo. En tercer lugar, nuestra esperanza ha sido «manifestada en su palabra por la predicación…»; mediante la predicación fiel oímos y creemos y venimos a anticipar esta vida eterna.

Cristo promete esta esperanza; Cristo murió para asegurar esta esperanza; Cristo está a la diestra de Dios para sostener esta esperanza; y Él viene otra vez para cumplir esta esperanza. Mantente esperanzado.

Así que ya desde el comienzo de esta carta se nos llama a tres cosas: fe en Cristo, conocimiento de la verdad y la esperanza de la vida eterna. Los cristianos viven para cosas muy diferentes a las del mundo.

Sugerencias para la oración: Ora por la preparación de tu ministro para predicar el evangelio. Ora por tus hermanos y hermanas en el Señor, por su fe en Cristo, conocimiento de la verdad y esperanza de la vida eterna. Ora por la sabiduría para vivir para el Señor hoy.

POR AMOR A LA FE DE LOS ELEGIDOS DE DIOS

MIÉRCOLES, 1° DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Romanos 1:1–7; Tito 1:1–4

Tito 1:1: «Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad…»

William Wilberforce fue un miembro del Parlamento británico a fines del siglo XVIII, conocido sobre todo por su labor para abolir la trata de esclavos en el Imperio Británico. Como cristiano, no solo se preocupaba por los asuntos políticos y económicos de la esclavitud; también cargaba con un peso por la conversión de los esclavos a la fe cristiana. Ese peso suyo fue enfrentado con tanta oposición como sus esfuerzos abolicionistas. Otro miembro del Parlamento llegó a decir algo así: «Si son elegidos, Dios los salvará.» Pero Wilberforce, creyendo en los medios de gracia y en el amor de Dios por los elegidos, perseveró: era por amor a los elegidos que el evangelio debía ser proclamado.

Esa convicción está claramente detrás de la carta de Pablo a Tito. Pablo sirve a Cristo como apóstol con este propósito: «conforme a la fe de los escogidos de Dios» (v. 1). Romanos 1:5–6 dice: «y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo.» Todos los verdaderos ministros sirven a Cristo con este alto propósito. ¡Tu ministro necesita tus oraciones y ánimo para predicar!

El evangelio es el medio de Dios para cambiar corazones y vidas. La carta de Pablo a Tito recalcará que la sana doctrina va de la mano con la vida de santificación y buenas obras. La fe y el conocimiento de la verdad «son según la piedad»; el evangelio es tan poderoso que puede cambiar incluso a los cretenses (ver 1:12). Puede cambiarnos incluso a nosotros.

Sugerencias para la oración: Ora por la preparación de tu ministro para predicar el evangelio. Ora para que tú estés preparado para oír la Palabra de Dios. Ora para que Dios cambie tu corazón y tu vida en piedad por medio de la sana predicación.

INTRODUCCIÓN AL MES DE OCTUBRE

por Rev. Todd De Rooy

Tito fue un «compañero y colaborador» de Pablo (2 Corintios 8:23) y sirvió para animar a la iglesia de Corinto a ser tan generosa como lo habían sido las iglesias de Macedonia (2 Corintios 8; 12:17–18).

Pablo instruye a Tito acerca del establecimiento de la iglesia en una situación poco prometedora. No se han designado ancianos, pero es necesario hacerlo. Más aún, los ancianos deben cumplir con las calificaciones bíblicas. Tito debe instruir al pueblo en la sana doctrina y en la vida cristiana. Estas son instrucciones básicas para todos los creyentes. Sin embargo, la parte poco prometedora de la situación es que estas personas son cretenses. Los notoriamente cretenses son «siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos» (Tito 1:12).

Y aun así, el evangelio de Jesucristo debía ser proclamado a tales personas, a pesar de su rudeza característica. Además, había allí un grupo de falsos maestros de raíces judías que estaban perturbando al pueblo. Pablo exhorta a Tito a predicar el evangelio. Pablo no impone su autoridad apostólica, sino que muestra que todas las cosas se deben a «la bondad y amor de Dios nuestro Salvador» y específicamente a todo lo que Dios ha hecho en Cristo (Tito 3:3–7). Así, se presenta ante Tito y los cretenses la norma más alta: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres» (Tito 2:11). Nadie puede salvarse por su propia voluntad y obras, sino que Dios nuestro Salvador «nos salvó… por su misericordia» (Tito 3:5).

Finalmente, Pablo pone esa dependencia de la gracia de Dios en el glorioso contexto de la venida de Cristo, «la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2:13). Esta carta a Tito enfatiza lo que Dios ha hecho para traer salvación a su pueblo, y la certeza de su consumación cuando Cristo regrese en gloria.

Acerca del autor del mes de octubre:

El reverendo Todd De Rooy sirve actualmente en la Iglesia Reformada Unida Redeemer, en Orange City, Iowa. Ha servido allí desde que fue ordenado en el 2008. El reverendo De Rooy y su esposa, Chantelle, han tenido la bendición de criar a cuatro hijos: Elliott, Emma, Chelsea y Talia. Es su sincera oración que, por la gracia de Dios, renuncien a la impiedad y a las pasiones mundanas, y vivan una vida sobria, justa y piadosa en la era actual.