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TENTADOS A DESPERDICIAR EL TIEMPO

LUNES, 24 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Efesios 5:15-17

Efesios 4:1: «Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…»

¿Estás familiarizado con el término «doom scrolling»? Apuesto a que casi todos los menores de 35 años reconocerán de inmediato la referencia. Hay tantos videos cortos disponibles en línea (también conocidos como shorts) que una persona fácilmente podría pasar una hora, o incluso horas, deslizando el dedo y viendo contenido aleatorio. Se le llama específicamente doom scrolling porque el usuario consume contenido inclinado hacia noticias tristes o sensacionalistas que llevan a una mayor desesperanza.

Los días son malos. Es una afirmación axiomática (una verdad tan evidente que casi no necesita decirse). Como en los días del apóstol Pablo, también en los nuestros abundan las actividades malas que podrían desviar al pueblo de Dios hacia caminos de maldad. Sin embargo, el llamado de la Escritura es a que los creyentes anden con entendimiento acerca de cuál es la voluntad del Señor.

Andar con el Señor significa usar bien tu tiempo, ser templado, no abusar de tu cuerpo con comida, alcohol o drogas. Como leemos aquí en Efesios, andar con el Señor significa que tú, como creyente, no contaminarás tu mente con lo que ves. Este es un buen momento para preguntarte si estás pasando demasiado tiempo en tu celular, en la computadora, o visitando sitios inapropiados. Andar con el Señor significa que, como creyente, usarás tus recursos para bendecir a otros, atendiendo las necesidades de quienes viven en pobreza. Esta pobreza puede ser espiritual, financiera o social.

Sugerencias para la oración: Ruega a Dios que traiga un avivamiento sobre nuestra tierra, que el mal sea frenado y que el conocimiento de Dios se multiplique; que el Espíritu de Dios te guíe a actuar de maneras que fortalezcan tu caminar personal con Él.

BIENVENIDO A LA CELEBRACIÓN DOMINICAL

DOMINGO, 23 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Filipenses 3:13-16

Filipenses 3:17: «Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros».

Bienvenido a la celebración dominical. Qué gozo es descansar en la obra de Cristo nuestro Señor. Qué regalo es congregarse con el pueblo de Dios, para cantar salmos, himnos y cánticos espirituales al Señor nuestro Dios. El reposo del día de reposo es un tiempo en el que los avances en tu fe —logrados por la gracia de Dios— son reconocidos en adoración agradecida ante el Rey.

Bienvenido a la celebración dominical. Pablo, con su ejemplo de avanzar hacia el supremo llamamiento del Evangelio, con su anhelo de aferrarse a todo lo que ya habían alcanzado en Cristo, animaba al pueblo de Filipos. Anhelaba que estuvieran tan unidos en Cristo que las cosas que quedaban atrás —sus antiguas maneras de vivir y sus viejas rivalidades— fueran dejadas de lado a la luz del objetivo supremo de servir a Jesús, el premio de la vida, la esperanza de todo corazón anhelante. ¿Recibes tú el domingo así, como un tiempo de unidad en el que Cristo Jesús es tu premio?

Bienvenido a la celebración dominical, donde los cristianos maduros, con su participación activa en el culto, modelan una fe viva para los que son jóvenes en la fe. La manera en que prestas atención, cantas y te muestras en actitud de oración durante el culto, todas estas acciones animan a otros a seguir tu ejemplo. Al adorar a Dios con tus hermanos en la fe, confía en que tu presencia y tu participación, cada domingo, son de aliento para otros creyentes a tu alrededor.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por aquellos en tu congregación y en tu familia que son para ti un hermoso ejemplo de madurez cristiana; expresa también tu gratitud a Dios por algunas formas específicas en que puedes ver que Él te está guiando hacia una mayor madurez.

TENTADOS A EVITAR EL SUFRIMIENTO

SÁBADO, 22 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: 1 Pedro 4:12-19

1 Pedro 4:19: «De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien».

Piensa por un momento en quién escribió estas palabras. Sí, Pedro, quien le prometió a Jesús que, aunque todos los demás discípulos lo abandonaran, él se mantendría firme y lo defendería. Pero cuando vio que Jesús estaba dispuesto a sufrir por la gloria de su Padre, Pedro se quebró y huyó. Peor aún, negó incluso conocer a Jesús. En lugar de juzgar duramente a Pedro, seguramente puedes sentir empatía por él. Sabes lo difícil que es ser fiel a Jesús cuando los amigos se burlan de ti. No importa si tienes 10 o 60 años, la presión del entorno que la sociedad lanza contra los cristianos te tienta a ceder en tu postura por Jesús.

Primero, debes saber que el sufrimiento es parte inevitable de la vida cristiana. Ten la certeza de que el sufrimiento confirma que perteneces a Jesús. Segundo, no digas que estás sufriendo por Jesús cuando en realidad estás sufriendo por tu mal comportamiento. Tu mal comportamiento debe ser corregido para que seas purificado. Tercero, el sufrimiento no trae vergüenza si permaneces firme ante él. En la oración sacerdotal de Jesús (que se encuentra en Juan 17), Él pidió al Padre que glorificara su propio Nombre y a su pueblo, al enviarlos al mundo hostil. Cuarto, el sufrimiento te protege de pensar que la salvación y la santificación son caminos fáciles para los creyentes. No lo son.

Los creyentes deben enfrentar el sufrimiento. Cuando sufras, encomienda tu alma al cuidado de tu Creador, Aquel que te formó y conoce el propósito para el cual te diseñó. Él sabe lo que puedes y no puedes soportar.

Sugerencias para la oración: Pide al Espíritu de Dios que te haga consciente de los momentos y circunstancias en los que estás evitando el sufrimiento necesario al que Dios te ha llamado a soportar. Por el sufrimiento que ya sabes que has evitado, pide perdón a Dios y la gracia para estar preparado cuando llegue la próxima prueba.

TENTADOS A DESVIARNOS

VIERNES, 21 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Deuteronomio 30:11-20

Hebreos 2:1: «Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos».

Uno de los juegos de mesa que le gusta a nuestra familia aún tiene el reglamento dentro de la caja. Nos reímos cuando finalmente lo leímos. Las reglas decían que los jugadores podían inventar reglas, siempre que fueran consistentes con ellas y se aplicaran a todos los jugadores. Así es, a veces, como los creyentes tratan la Palabra de Dios. Es un maravilloso manual de instrucciones para la vida; sin embargo, quienes siguen a Jesús tienden a modificar las reglas y decidir cuáles son importantes y cuáles no.

Pablo advirtió a los hebreos que no se desviaran. El alejamiento de la fe comienza cuando los creyentes tratan con ligereza los mandamientos de Dios. Lo que Él ha instituido está diseñado para el bien de sus hijos e hijas. Algunos creyentes descuidan reunirse cada domingo, y pronto les resulta difícil asistir a la iglesia. Otros descuidan la lectura bíblica en familia. La Palabra pierde su poder y autoridad. Y con eso, también se debilita la autoridad de los padres. Toda la familia se desvía.

El SEÑOR habló por medio de Moisés, ofreciendo a su pueblo una claridad tremenda. El mandamiento de Dios es que guardes su Palabra cerca de ti. La Palabra de Dios te guía hacia la vida y te mantiene en el camino correcto. La doble referencia a la vida y al bien ciertamente anticipa las palabras del propio Jesús: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». Solo en Él se halla toda la aventura que los creyentes podrían desear. Ancla tu mente y tu corazón a Jesús mediante la lectura de la Palabra, para que nunca te desvíes de Él.

Sugerencias para la oración: Ora para que tú y los miembros de tu familia estén firmemente anclados a Jesús por medio de la lectura bíblica, la oración y los tiempos de adoración. Piensa en miembros de la iglesia o personas que conozcas que se están desviando, y pide a Dios que los traiga de vuelta a Sí mismo con amor.

TENTADOS A TODO TIPO DE CHARLA OCIOSA

JUEVES, 20 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Hechos 2:40-47

Marcos 5:18-19: «Al entrar Él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con Él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti»».

Un amigo y yo tenemos la costumbre de ir al mercado de Moncton todos los sábados por la mañana. Es un lugar muy concurrido, con una gran variedad de comidas internacionales. Hace unas semanas, él me sorprendió con una observación: «Antes recogíamos la comida, orábamos, y mientras comíamos hablábamos de nuestra vida con Dios. ¿Por qué ya no lo hacemos?» Muy cierto. Solíamos hablar de nuestras rutinas devocionales, de las lecciones que el Espíritu nos enseñaba por medio de la lectura bíblica o los sermones que habíamos escuchado. Procurábamos discernir la mano de Dios manifestada en los sucesos de nuestros días ordinarios.

Es muy fácil perder el enfoque en Dios en medio de nuestras rutinas diarias. Creo que también es fácil descuidar nuestras conversaciones sobre Dios y dejar de compartir nuestro testimonio con otros, especialmente con los más cercanos. Hay tantos temas que llenan nuestra mente: política, guerras y muchas trivialidades. Lo que más me llama la atención en estas lecturas de Hechos y Marcos es la disposición de los nuevos convertidos a compartir el evangelio. Cuando Jesús regresó a la región de Decápolis, las multitudes acudieron a Él, en lugar de rechazarlo. Seguramente, el ex endemoniado tuvo una enorme influencia entre los suyos.

Los nuevos creyentes son contagiosos. No pueden evitarlo. Ante el conocimiento de Jesús y el gozo que tienen en Él, se sienten impulsados a compartir su fe. ¿Cómo son tus conversaciones? ¿Hablas de Jesús aquí, allá y en todo lugar? Me alegré de que mi amigo me exhortara a volver a practicar los sábados como un tiempo de oración y comunión.

Sugerencias para la oración: Pide la dirección del Espíritu para que abra puertas a conversaciones sobre Jesús y tu fe en Él, y que tales conversaciones ocurran primero en casa, y luego entre compañeros, amigos, vecinos y conocidos. Ora para ser valiente como aquellos que aparecen en los pasajes de hoy.

TENTADOS A LA TACAÑERÍA

MIÉRCOLES, 19 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Hechos 2:40-47

Hechos 4:33-35: «Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad».

Cuando nos casamos, todas mis posesiones pasaron a ser «nuestras posesiones». El pequeño grupo de Hechos 2 estaba aprendiendo la misma lección. Cuando las personas se unen a la familia de Dios, sus posesiones ya no son «mis cosas». Todo lo que los creyentes poseen les ha sido confiado para servir a Dios.

Cada día se añadían nuevos creyentes al número de cristianos. Solo unas semanas antes, cuando Jesús aún estaba llevando a cabo su ministerio terrenal, unirse al cuerpo de creyentes podía significar ser rechazado por los propios familiares (cf. Jn 9, los padres del ciego de nacimiento, a quien le fueron abiertos los ojos). Tal como Jesús lo había prometido, la persecución aumentaría. Sin duda, aún quedaban creyentes en Jerusalén desde el día de Pentecostés que estaban siendo discipulados y formados en la fe. Así que había muchas necesidades entre los nuevos creyentes.

En vista del gran don de Dios en Jesucristo, los creyentes eran muy generosos y estaban dispuestos a compartir con cualquiera que tuviera necesidad. Esa generosidad del pasado se ha vuelto algo complicada para muchos cristianos hoy —¿A quién debemos dar? ¿Y si no lo merece? ¿Y si se aprovechan de mí por dar? Preguntas legítimas.

Comienza dando a los de la familia de la fe, a aquellos creyentes que genuinamente están en necesidad. Es evidente que los creyentes se conocían tan bien, que sabían quiénes tenían necesidades económicas. Más allá de esto, busca la abundante gracia que se necesita, para que con discernimiento lleno del Espíritu sepas cómo cuidar de aquellos que el Padre trae a tu vida.

Sugerencias para la oración: Al considerar las compras navideñas, pide al Espíritu de Dios que te enseñe en qué áreas estás demasiado enfocado en ti mismo; pide ser guiado a oportunidades para dar y ser generoso, tanto con los que están cerca como con los que están lejos.

ABRIENDO LA PUERTA A LA HOSPITALIDAD

MARTES, 18 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Hechos 2:40-47

Hebreos 13:1-2 «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles».

Alguien muy querido solía bromear durante esos temidos días del COVID-19: «Fui hecha para tiempos como estos. Se requiere que tenga una burbuja personal de dos metros, y nadie puede abrazarme inesperadamente». Yo añadía a tono jocoso: «Estoy tentado a regalarle un tapete para la entrada que diga: “Bienvenido. ¿Y usted por qué vino?”»

¿Quién te visita? ¿A quién invitas a tu casa? ¿Cuándo fue la última vez que recibiste intencionalmente a personas que no conocías? Hay iglesias que asignan «familias anfitrionas» cada domingo, para que los nuevos asistentes a la congregación local tengan un lugar donde almorzar. Aunque es una buena idea, apunta a un asunto más profundo dentro de la familia de Jesucristo: muchos miembros de la iglesia no reciben espontáneamente a los forasteros.

¿Qué tan acogedor eres realmente? El mandamiento es para aquellos que están recibiendo un reino inconmovible, que están siendo renovados en Jesucristo, y consiste en extender hospitalidad. De hecho, los hombres no deberían ser líderes en el hogar de Dios si no demuestran su compromiso con Jesús mostrando hospitalidad a los extraños.

En Hebreos, estos extraños eran personas que huían de la persecución o que habían sido llamadas por Dios al campo misionero. No había hoteles ni alojamientos disponibles fácilmente, así que los miembros de la iglesia abrían sus hogares a personas que no conocían, confiando en que estaban hospedando al mismo Señor y a sus mensajeros. ¿Y tú? ¿Qué tan abiertos están tu corazón y tu casa a las personas que Dios está enviando a tu camino?

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por aquellos entre ustedes que tienen el don de hospitalidad; ora para que el Espíritu te revele si estás obrando bien en esta área o si necesitas disponerte, junto con tu familia y tu hogar, a recibir a otros.

ROMPIENDO LOS CÍRCULOS CERRADOS DE LOS DOMINGOS

LUNES, 17 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Hechos 2:40-47

Hebreos 13:1-2: «Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles».

Quizás tu iglesia esté planeando enviar invitaciones para los servicios de adoración durante la época de Navidad. Conozco una iglesia que el año pasado repartió cerca de mil invitaciones, entregadas personalmente por los miembros, que caminaron mucho para hacerlo. ¿Por qué menciono esto? Porque muchas congregaciones esperan que personas poco acostumbradas a asistir a la iglesia se acerquen en Navidad. Y eso es maravilloso.

Pero déjame hacerte una pregunta seria: ¿Estás preparado? Si alguna familia, o algunos visitantes, llegan, ¿los recibirás con calidez? En Pentecostés se añadieron unas tres mil personas a la Iglesia. Asombroso. No es de extrañar que los creyentes se dedicaran a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión y a compartir sus comidas. Los nuevos creyentes necesitaban ser instruidos acerca de Jesucristo. Los viejos hábitos y rituales debían ser reemplazados por una relación viva con el Señor. Muchos de esos nuevos creyentes venían de lejos y necesitaban hospedaje y amistad.

Hace más de treinta años, en la congregación de nuestra familia, existía la “regla de los dos minutos”. Los primeros dos minutos después del culto, cada miembro debía acercarse a hablar con alguien que no conociera. Podía ser un visitante o simplemente otro creyente con quien no había hablado antes. La idea era sencilla: con demasiada frecuencia los miembros de iglesia forman círculos cerrados los domingos, relacionándose siempre con los mismos, con quienes se sienten cómodos. Los nuevos se sienten excluidos. En esta temporada navideña, propón en tu corazón romper ese hábito y acoger con amor a todos los que el Espíritu de Dios guíe a tu iglesia local.

Sugerencias para la oración: Comienza a orar desde ahora para que Dios, por medio de Su Espíritu, despierte en muchas personas el deseo de asistir a la iglesia durante diciembre y en la época de Navidad; ora también para que tu propio corazón esté dispuesto a recibir con gozo a aquellos que Dios enviará.

AFÉRRATE A ESOS PAPELES DE CIUDADANÍA

DOMINGO, 16 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Filipenses 3:12-21

Filipenses 3:14-15: «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios».

A salvo al término de otra semana, Dios nos ha traído al bendito día domingo, en el cual, además de la devoción personal y familiar diaria, los creyentes tienen el privilegio de congregarse con Su pueblo y adorarlo. Toda adoración de este tipo es un ensayo previo para la gloria venidera. Como Pablo lo afirmó con tanta claridad, nuestra ciudadanía, ahora mismo, está en los cielos. Esperamos el regreso de Jesucristo desde la gloria y ser arrebatados con Él hacia los nuevos cielos y la nueva tierra.

Como escribió Pablo, sabemos que el premio de la vida, aquí y ahora, consiste en andar en estrecha comunión con Jesucristo. Toda enseñanza e instrucción que el Espíritu ha dado en el pasado se incrementará al seguir escuchando la Palabra predicada. Por medio de ello, la santificación del creyente crece. El domingo recuerda al creyente que su vida no le pertenece. No existe tal cosa como “tiempo libre” o “tiempo para mí”. Todos tus días se viven bajo la mirada atenta y misericordiosa del Señor del cielo y de la tierra. Él está llevando tu vida hacia la perfección en Cristo, de modo que, en el momento que Él disponga, serás llevado a Su presencia.

Los cristianos reconocen que la vida es más que dinero, política, casas, vacaciones, jubilación o tiempo con la familia. Aunque vivimos ahora en la tierra, somos refugiados, personas desplazadas, anhelando las moradas eternas junto al Padre. El culto público te une con otros que también se aferran firmemente a los papeles de ciudadanía que les fueron otorgados en Jesucristo. Muy pronto Él volverá. ¡Qué gozo santo nos espera!

Sugerencias para la oración: Ora para que la adoración pública y privada de hoy despierte en ti un anhelo más profundo de una vida más plena con Jesús ahora, y una mayor anticipación de la vida eterna con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

HIJOS, JÓVENES, ¿QUÉ VALE LA PENA PERSEGUIR?

SÁBADO, 15 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Proverbios 4:1-9

Filipenses 3:14-15: «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios».

Lo peor en la vida podría ser esto: alcanzar tu meta de acumular dinero, obtener gran poder o ejercer enorme influencia sobre muchas personas, y luego, al lograrlo, descubrir que todo es vacío y sin sentido. Muchos poderosos e influyentes, que parecen estar en la cima del mundo, siempre buscan la siguiente meta, el siguiente premio, la siguiente conquista. ¿Por qué? Porque cada logro que pensaban sería grandioso y les daría satisfacción resulta, en el fondo, vacío.

Niños, hijos e hijas de padres sabios, la Biblia rebosa de todo lo que tiene verdadero sentido y valor. En la Escritura, la sabiduría se personifica como una mujer que enseña y guía a lo largo de toda la vida. Jesús fue guiado por la sabiduría en todo momento. Aun cuando las multitudes lo rechazaban, cuando querían apedrearlo y las autoridades lo perseguían, Él caminaba con esperanza firme en los caminos de Dios Su Padre, porque era dirigido por la sabiduría.

Las pantallas de este mundo ofrecen imágenes seductoras de lo que deberías perseguir. Pero la triste verdad es que, si lo consigues, mañana habrá un nuevo premio, un nuevo logro vacío e indigno. «He visto el fin de toda perfección, pero tu mandamiento es sobremanera amplio» (Sal 119:96). El punto es este: cuanto más te acercas a Dios, cuanto más sometes tu vida a Él, mayor, más profunda y más elevada será tu alegría sin límites, tu bendición sin límites y tu confianza sin límites. Seguir a Jesús es una aventura sin límites y con propósito eterno.

Sugerencias para la oración: Padres, hijos y jóvenes, oren para que Jesús sea el premio de su vida y su mayor gozo; pidan a Dios que les muestre las cosas o actividades que les impiden avanzar eficazmente hacia la meta: el supremo llamamiento de Dios, que lleva a reconocer a Jesús como su mayor tesoro.