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Y EL NIÑO CRECÍA…

MIÉRCOLES, 31 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 2:39-40

Lucas 2:40: «Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él».

Lucas resume la infancia de Jesús en Lucas 2:39-40: «Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret» (Lc 2:39). Por diseño divino, Jesús fue criado por padres terrenales que confiaban en Dios y obedecían Su ley. Ellos criaron a Jesús y a Sus hermanos en esa misma obediencia.

Lucas nos dice que Jesús crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría. Jesús tuvo que crecer física y espiritualmente, como nosotros. Tuvo que aprender sabiduría. Tuvo que aprender el oficio de Su padre terrenal. Necesitó años de formación antes de poder emprender la misión de Su Padre celestial. La necesidad de crecer, ser instruido y someterse a la enseñanza fueron maneras en que se humilló voluntariamente al hacerse uno de nosotros en nuestro lugar.

Jesús volvió a trazar nuestros pasos desde la concepción hasta la muerte para redimir cada etapa de la vida humana. En todo momento vivió la vida que nosotros debimos vivir delante de Dios. Con Su obediencia activa, acumuló un historial perfecto como Hijo fiel de Dios. Cuando confesamos nuestro pecado y acudimos a Dios en busca de gracia y perdón, Él acredita a nuestra cuenta el historial justo de Cristo. Y nos asegura que también acreditó a Cristo nuestro historial de pecado, para que Él pagara por nosotros.

En Cristo, también nosotros podemos crecer, fortalecernos y llenarnos de sabiduría. Nosotros también estamos siendo entrenados para la eternidad, en la presencia y el servicio de Dios. Que la gracia de Dios esté sobre ti al comenzar un nuevo año con Él.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por la obediencia activa de Jesús en tu lugar y por la justicia de Cristo acreditada a tu cuenta. Ora para que sigas creciendo en la gracia y disfrutes del favor de Dios sobre ti al entrar en el 2026.

ANA

MARTES, 30 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 2:36-38

Lucas 2:38: «Y esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén».

Ese día, dos ancianos sorprendieron a José y a María en el templo. El primero fue Simeón. La segunda fue una mujer de ochenta y cuatro años llamada Ana. El templo era la morada de Dios en medio de Su pueblo. Qué apropiado encontrar allí al Emanuel.

Lucas nos dice que Ana era profetisa, de la tribu de Aser. Aser había sido una de las tribus más al norte del antiguo Israel. Fue una de las primeras en caer bajo el Imperio asirio, junto con las otras del reino del norte. Pero Dios, en Su fidelidad, preservó un remanente aun de estas tribus para vivir en comunión de pacto con Él, mientras esperaban y oraban por la venida del Mesías. Ana representa a ese remanente fiel. Estuvo casada durante siete años antes de enviudar. Desde entonces vivió como viuda. Ahora permanecía en los atrios del templo, adorando, orando y ayunando de día y de noche.

Se acercó a José y a María cuando se dio cuenta de que su bebé era el tan esperado Mesías. Al verlo, respondió de dos maneras. Primero, comenzó a dar gracias a Dios. Segundo, comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. ¡Esta noticia era demasiado buena para que esta profetisa se la guardara! Tenía que decirle a otros que el Mesías había venido. Tenía que contar que lo había visto con sus propios ojos. Quizás las semillas de su testimonio quedaron sembradas en algunos corazones, listas para germinar cuando Jesús comenzara Su ministerio treinta años más tarde.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por preservar un pueblo a través de los siglos que confíe en Él, lo ame, lo adore y proclame el evangelio de Jesucristo. Ora para que Dios te use a ti también para proclamar a Cristo como lo hizo Ana.

SIMEÓN (PARTE 2)

LUNES, 29 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 2:25-35

Lucas 2:34-35: «Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones».

Simeón pasa ahora de la alabanza a la profecía. Luego de bendecir a Dios, bendice a José y a María. Entonces se dirige directamente a María.

No todos recibirán a su Hijo y Su salvación como lo hizo Simeón. No todos se regocijarán por Su venida. Muchos tropezarán con Jesús y con Su mensaje, como con una piedra. «Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados» (Is 8:15a).

Su Hijo será «señal que será contradicha… para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones». Mientras Jesús avance en la misión del reino de Dios, Satanás levantará oposición contra Él. Frente a Jesús, el corazón de muchos religiosos en Israel quedará al descubierto. ¿Había realmente confianza y amor por Dios en el centro de su vida religiosa? Eso quedará claro cuando se encuentren con Jesús y reconozcan a Dios en Él y lo reciban. ¿Estaban sus corazones lejos de Dios, aunque ofrecieran culto exterior? Eso quedará claro cuando se encuentren con Jesús y rechacen a Dios en Él. Así fue entonces. Así sigue siendo hoy.

Simeón advierte a María que una espada traspasará también su alma. Su alma será herida al ver cómo tratan a su Hijo. Será herida al ver a los miembros de su congregación volverse una turba violenta que intenta lanzarlo por un precipicio. Será herida al verlo sufrir, sangrar y morir en una cruz. El camino de su Hijo hacia la corona pasa por la cruz.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Cristo enfrentó voluntariamente una oposición mortal para salvarnos. Ora por gracia para ir más allá de la religión exterior y recibir y descansar en Jesucristo como tu Salvador y Señor.

SIMEÓN (PARTE 1)

DOMINGO, 28 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 2:25-33

Lucas 2:29-33: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él».

José y María estaban en el templo para consagrar a Jesús y ofrecer el sacrificio de purificación. Al cruzar los atrios del templo, la mayoría solo veía a un bebé ordinario.

Sin embargo, un anciano se acercó a ellos. Simeón era un verdadero creyente que confiaba en Dios y anhelaba la venida del Mesías. El Espíritu le había revelado que vería al Mesías antes de morir. Se apresuró hacia Jesús y lo tomó en sus brazos. Gracias a la revelación de Dios y al testimonio interno del Espíritu, ¡vio a su Salvador!

Con el Mesías en brazos, Simeón bendijo a Dios y dijo: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2:29-32).

Por la fe, Simeón creyó lo que la Biblia decía acerca de Jesús. Se regocijó de que Jesús redimiría tanto a gentiles como a judíos, a personas de toda tribu y nación. «Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel. También te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra» (Is 49:6).

¿Crees tú lo que la Biblia dice acerca de Jesús? ¿Lo recibes como tu Salvador y Señor? ¿Anhelas verlo, como lo hacía Simeón?

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque nuestro tan esperado Jesús volverá para hacer nuevas todas las cosas. Ora: «Ven, oh Jesús esperado, tú que das la libertad; de temores y pecados líbranos, danos en ti descansar».

SANTO PARA EL SEÑOR

SÁBADO, 27 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Éxodo 13:1-2,11-16

Lucas 2:22-24: «Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: un par de tórtolas, o dos palominos».

Desde la cuna hasta la cruz, nuestro Señor Jesús se humilló a sí mismo en nuestro lugar como quien está bajo la ley. Esto comenzó con su circuncisión a los ocho días de nacido y continuó con su consagración al Señor como primogénito a los cuarenta días.

José y María siguieron la instrucción del SEÑOR en Éxodo 13. El SEÑOR mandó a su pueblo a responder a su gracia redentora con ofrendas costosas y de primicias. Los adoradores sacrificaban sus animales machos primogénitos al SEÑOR. Sin embargo, el SEÑOR ordenó a los padres redimir a sus hijos primogénitos con un cordero sacrificial, como recordatorio de la Pascua, cuando el SEÑOR proveyó la sangre de un cordero para librar a los primogénitos de Israel.

Israel fue identificado como el hijo primogénito de Dios, redimido por la sangre de animales en su lugar. Israel se identificaba con Isaac en Génesis 22, donde Dios mandó a Abraham sacrificar a su hijo unigénito, pero luego le perdonó la vida proveyendo un carnero en su lugar.

Los padres presentaban a sus hijos primogénitos redimidos ante el Señor para consagrarlos a su servicio. Eso fue lo que hicieron José y María al llevar a Jesús al templo. Poco sabían que el SEÑOR no perdonaría a su Hijo Primogénito, como lo había hecho con Isaac, con Israel y con los primogénitos de Israel. Como el Cordero pascual, Él moriría por todos los hijos de Dios en la «iglesia de los primogénitos» (Heb 12:23). «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Ro 12:1).

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque consagró a su Hijo Primogénito para vivir y morir como nuestro sustituto. Ora por gracia para ofrecerte a ti mismo como sacrificio vivo en respuesta agradecida.

NACIDO BAJO LA LEY

VIERNES, 26 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Gálatas 4:1-6

Lucas 2:21: «Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido en el vientre».

Volvemos a Lucas 2. Los pastores ya se han ido. Los magos aún no han llegado. Jesús tiene ocho días de nacido. En obediencia al ángel, José y María le ponen por nombre Jesús (Mt 1:21). En obediencia a la ley, lo circuncidan.

Dos mil años antes, el SEÑOR había ordenado a Abraham aplicar la circuncisión, como señal del pacto, a todos los varones nacidos dentro de la familia del pacto al octavo día (Gn 17:12). La circuncisión proclamaba la necesidad de limpieza y renovación espiritual. Proclamaba también la promesa de Dios de incluir, limpiar y renovar a los creyentes y a sus hijos dentro de su familia de pacto. Como señal sangrienta, declaraba también: «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (He 9:22).

Jesús era sin pecado. ¡No necesitaba limpieza! ¡No necesitaba renovación espiritual! Sin embargo, se identificó con nosotros, humanos pecadores, al recibir la señal de inclusión, limpieza y renovación dentro de la familia del pacto de Dios. Esto fue parte de su humillación.

Pablo diría más tarde: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gá 4:4-5). Fue por nuestra limpieza e inclusión en la familia del pacto que Jesús se sometió a la circuncisión.

El derramamiento de su sangre marcó el inicio y el final de su vida en la tierra. Su sangre asegura nuestra inclusión, limpieza y renovación espiritual dentro de la familia del pacto de Dios.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Jesús escogió identificarse con nosotros como humanos pecadores, para que nosotros, por gracia, nos identifiquemos con Él como hijos del pacto de Dios. Ora para que nuestros hijos abracen su lugar y propósito en la familia del pacto mediante la fe en Cristo.

¿PRESENTES O PRESENCIA?

JUEVES, 25 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 2:1-20

Juan 1:14: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».

Sus padres lo colmaron de regalos. Sin embargo, él deseaba que hubieran estado más presentes. Le dieron muchos presentes, pero lo que más anhelaba era su presencia. Nuestra necesidad más profunda es ser restaurados a la vida en la presencia de Dios. «En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre» (Sal 16:11).

Dios el Hijo se hizo carne y habitó entre nosotros como Emanuel, Dios-con-nosotros, para expiar nuestro pecado y restaurarnos a la vida en la presencia de Dios. Todos los que se apartan del pecado y confían en Cristo disfrutan ya de su presencia, por el poder del Espíritu. «Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

¡Jesús es el regalo navideño supremo de Dios para nosotros! Recíbelo por la fe y encontrarás que todos los demás regalos de Dios vienen envueltos en Él: perdón, justicia, paz, adopción, el Espíritu, crecimiento y fruto espiritual, propósito, herencia y resurrección.

Un hombre rico perdió a su único hijo. Puso su herencia en subasta. Cientos acudieron, esperando obtener algún tesoro. La subasta comenzó con un retrato del hijo amado. «¿Mil dólares?» Nadie ofertó. «¿Diez dólares?» Silencio. De repente, un amigo del hijo levantó la mano. «Una vez, dos veces, vendido». El hombre emocionado reclamó el retrato de su amigo. Entonces el subastador sorprendió a todos: «Con esto concluye la subasta de hoy. El que se lleva al hijo, se lleva todo».

El que tiene al Hijo, lo tiene todo. Feliz Navidad.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por su regalo supremo de Navidad, Jesucristo, y por todos los dones que recibimos en Él. Ora para que crezcas en tu aprecio por Cristo y sus regalos cada día más.

EMMANUEL

MIÉRCOLES, 24 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Éxodo 40:34-38

Juan 1:14: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».

Pasamos de Lucas 2 a Juan 1 para meditar en el misterio de Jesús como Emanuel. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros». El Verbo es Dios el Hijo, la eterna y todopoderosa Palabra de Dios, por medio de quien creó el mundo, se ha revelado y nos ha redimido. Este Verbo fue hecho carne. Se hizo verdaderamente humano como nosotros, pero sin pecado y sin dejar de ser Dios.

Juan 1:14 dice literalmente: «El Verbo fue hecho carne y plantó su tienda entre nosotros». Es una alusión a Éxodo 40:34-38. En Éxodo, el SEÑOR libró a su pueblo, hizo un pacto con él y le dijo: «Voy a plantar mi tienda en medio de las suyas y vendré a habitar entre ustedes». Contenemos la respiración en Éxodo 32 cuando Israel traiciona a su Dios fiel adorando un becerro de oro. ¡Seguramente Yahvé no va a mudarse ahora en medio de ellos! Sorprendentemente, Él continúa con su programa de construcción y se instala en medio de su pueblo (Éx 40:34-38).

¿Cómo puede el Dios santo habitar entre un pueblo así? Eso requiere la sangre sacrificial de otro. «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Jn 1:29).

Lo que el SEÑOR hizo en Éxodo 40 fue radical. Pero mucho más radical fue la forma en que vino a habitar entre nosotros como Emanuel, Dios-con-nosotros, en Jesucristo. En Cristo, Dios se unió al hombre de la manera más íntima. Vino como Emanuel para revelarnos al Padre, redimirnos con su sangre y restaurar nuestra comunión con Dios.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por su plan radical de redención al hacerse Emanuel en Jesucristo. Ora para que otros en tu vida sean restaurados a la comunión con Dios por medio de la fe en Él.

DOXOLOGÍA

MARTES, 23 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Efesios 1:3-14

Lucas 2:20: «Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho».

Lucas 2:8-20 comienza con el evangelio y termina con los pastores glorificando a Dios. «Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho». Hemos pasado del evangelio a la gloria, de la teología a la doxología.

La teología, el estudio de Dios y de su revelación especial, nunca debe ser un fin en sí mismo. El entendimiento teológico y el conocimiento bíblico no deben dejarte orgulloso, con un aire de superioridad. Como dice Pablo en 1 Corintios 8:1: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica».

No, la teología debe llevarnos a la doxología. El conocimiento de Dios debe conducir a la adoración de Dios. El estudio de Dios debe dar fruto en una apreciación, admiración y adoración cada vez más profundas. Después de todo, nuestro fin principal es «glorificar a Dios y gozar de Él para siempre» (Catecismo Menor de Westminster, P&R 1).

El evangelio de Cristo, al conducirlos a la presencia de Cristo, ha convertido a estos pastores en adoradores de Dios. El teólogo John Piper dijo una vez: «Las misiones existen porque no hay adoración». El último versículo de los Salmos proclama la meta de la historia de la redención: «Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya» (Salmo 150:6).

La oración extensa de Pablo en Efesios 1:3-14 comienza con Dios eligiendo a sus hijos antes de la creación, y nos conduce de forma insistente a la meta final: «para alabanza de su gloria» (Efesios 1:12,14).

Que por la gracia de Dios podamos unirnos a los pastores «glorificando y alabando a Dios» por todo lo que hemos oído y visto, tal como se nos ha dicho.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque nos está transformando en hijos que le glorificarán y gozarán de Él para siempre. Ora para que la teología produzca doxología en tu vida y en la vida de tu comunidad de iglesia.

LA MEDITACIÓN DE MARÍA

LUNES, 22 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Efesios 3:14-21

Lucas 2:19: «Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón».

Lucas deja brevemente a los pastores exuberantes y enfoca la atención en María, la madre de Jesús. María y José han tenido mucho que procesar en los últimos nueve meses, mientras procuran comprender quién es este niño y quién llegará a ser. Los eventos de esta noche los han vuelto a asombrar, dejándoles aún más cosas para meditar. Sin duda, la repentina llegada de los pastores y su testimonio tan impactante impulsaron una nueva reflexión.

Por eso, «María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». «Guardar» significa conservar algo importante en la mente y repasarlo de vez en cuando para reflexionar sobre ello. «Meditar» significa pensar profundamente en algo y conversarlo interiormente con uno mismo.

Lucas 1:26-38 nos presenta a María como una joven de fe. Aunque el milagro del nacimiento virginal la sorprendió, ella se ofreció humildemente al servicio de Dios y recibió en su vientre al Hijo de Dios.

Desde aquel momento, la comprensión de María sobre su Hijo tuvo que crecer junto con Él. A medida que Cristo reveló su gloria durante su ministerio, muerte y resurrección, su madre tuvo que meditar de nuevo sobre su persona y su obra. La revelación, meditada con fe, amplió su visión de Él, así como su confianza, amor y lealtad hacia Él.

Que esto también sea verdad en nosotros, mientras Cristo ensancha nuestra visión de Él, fortalece nuestra fe en Él y profundiza nuestro amor por Él. Que crezcas hasta «conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios» (Efesios 3:19).

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios porque Él nos revela a Cristo en su Palabra. Ora para que el Espíritu Santo continúe ampliando tu visión de Cristo, así como tu confianza, amor y lealtad hacia Él.