MIÉRCOLES, 21 DE ENERO
Lectura bíblica: Juan 14:25-28; 15:26; 16:5-11
Isaías 44:3 «Porque Yo derramaré aguas sobre el sequedal y ríos sobre la tierra árida; Mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y Mi bendición sobre tus renuevos.»
La fe para creer es un don precioso de la abundante gracia de Dios. Transitar por la vida sin certeza no es vivir. Muchas personas invierten en seguros. Se dice que el propósito de los seguros es brindar protección financiera contra posibles pérdidas al transferir el riesgo de un individuo o empresa a una compañía aseguradora. Pero el seguro y la seguridad son cosas distintas. El seguro no tiene valor eterno. Los creyentes maduros se gozan en el valor duradero del don de la seguridad. Aun cuando experimentamos dudas, los cristianos siempre podemos volver al hecho de que el SEÑOR jamás nos dejará ni nos desamparará.
Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que Jesús nos libra de la ira venidera? (1 Ts 1:10). Permíteme hacerte algunas preguntas. ¿Confías de todo corazón en la promesa de Dios, no solo para otros, sino también para ti, de perdonar tus pecados? ¿Crees en Su don de gracia por los méritos de Cristo, para concederte justicia eterna y salvación? En resumen, ¿crees en el mensaje del evangelio, arraigado en el sacrificio perfecto y único de Cristo? Si tu respuesta es afirmativa, entonces conoces algo del poder convincente del Espíritu Santo que te pone bajo el estandarte de la gloriosa seguridad. Si no es así, corre al SEÑOR y busca Su favor. Hazlo hoy mismo.
«La fe es una confianza viva, audaz, en la gracia de Dios; tan segura y firme que un hombre podría dar su vida por ella mil veces.» —Martín Lutero
Sugerencias para la oración:
«Alienta el soplo de Dios mi alma con poder;
dame Tu vida y hazme amar lo que Tú quieras hacer» (HPH 397:1).
