ORGULLO Y HUMILDAD

LUNES, 10 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Proverbios 28:26

Isaías 66:1-2: «Así dice el Señor: “El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas llegaron a ser —declara el Señor—. Pero miraré a aquel que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra”».

El año pasado viajé a Ontario para celebrar el aniversario de mis padres con ellos. Mientras esperábamos a que el restaurante abriera, disfrutando del sol de septiembre, conversábamos animadamente. Cabe notar que teníamos hambre. Mi madre me preguntó mi opinión sobre el creacionismo frente a la evolución. Le di una respuesta muy firme, totalmente a favor del creacionismo. Algo sorprendida, ella replicó: «¿Tienes que tener siempre la razón?». Un poco sarcástico, le respondí: «Eso lo heredé de mis genes maternos». Mi padre, sin poder ocultar su sonrisa, discretamente se alejó un poco.

Humildad. No es una virtud valorada en la sociedad actual. Las personas expresan sin reservas sus opiniones sobre deportes, política, cine o celebridades. Ese parloteo es alentado por las plataformas digitales, donde la persona más opinante es empujada a extremos de lenguaje y postura según la cantidad de “me gusta” que recibe.

Solo Dios es altísimo. Él es omnisciente. Él es glorioso. ¿Sobre quién fija Su mirada? Sobre el humilde. Sobre el contrito. Nótese que estas dos cualidades van juntas. Ser humilde significa ser enseñable. Y quien es enseñable, al ser confrontado por la Palabra, por el Espíritu o por otros con su pecado o falta, debe confesarlo. Esa es la contrición. El que es humilde también tiembla ante la Palabra de Dios. Por medio de la Palabra, el humilde sabio es instruido por Dios mismo.

Sugerencias para la oración: Al leer la Palabra, pide al Espíritu Santo que te muestre las áreas y situaciones recientes de tu vida donde no has sido humilde. Una vez instruido, confiésalo a Dios y pídele un corazón contrito que aprenda a temblar ante Su Palabra.

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