HIJOS, JÓVENES, ¿QUÉ VALE LA PENA PERSEGUIR?

SÁBADO, 15 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Proverbios 4:1-9

Filipenses 3:14-15: «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios».

Lo peor en la vida podría ser esto: alcanzar tu meta de acumular dinero, obtener gran poder o ejercer enorme influencia sobre muchas personas, y luego, al lograrlo, descubrir que todo es vacío y sin sentido. Muchos poderosos e influyentes, que parecen estar en la cima del mundo, siempre buscan la siguiente meta, el siguiente premio, la siguiente conquista. ¿Por qué? Porque cada logro que pensaban sería grandioso y les daría satisfacción resulta, en el fondo, vacío.

Niños, hijos e hijas de padres sabios, la Biblia rebosa de todo lo que tiene verdadero sentido y valor. En la Escritura, la sabiduría se personifica como una mujer que enseña y guía a lo largo de toda la vida. Jesús fue guiado por la sabiduría en todo momento. Aun cuando las multitudes lo rechazaban, cuando querían apedrearlo y las autoridades lo perseguían, Él caminaba con esperanza firme en los caminos de Dios Su Padre, porque era dirigido por la sabiduría.

Las pantallas de este mundo ofrecen imágenes seductoras de lo que deberías perseguir. Pero la triste verdad es que, si lo consigues, mañana habrá un nuevo premio, un nuevo logro vacío e indigno. «He visto el fin de toda perfección, pero tu mandamiento es sobremanera amplio» (Sal 119:96). El punto es este: cuanto más te acercas a Dios, cuanto más sometes tu vida a Él, mayor, más profunda y más elevada será tu alegría sin límites, tu bendición sin límites y tu confianza sin límites. Seguir a Jesús es una aventura sin límites y con propósito eterno.

Sugerencias para la oración: Padres, hijos y jóvenes, oren para que Jesús sea el premio de su vida y su mayor gozo; pidan a Dios que les muestre las cosas o actividades que les impiden avanzar eficazmente hacia la meta: el supremo llamamiento de Dios, que lleva a reconocer a Jesús como su mayor tesoro.

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