TENTADOS A LA TACAÑERÍA

MIÉRCOLES, 19 DE NOVIEMBRE

Lectura bíblica: Hechos 2:40-47

Hechos 4:33-35: «Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad».

Cuando nos casamos, todas mis posesiones pasaron a ser «nuestras posesiones». El pequeño grupo de Hechos 2 estaba aprendiendo la misma lección. Cuando las personas se unen a la familia de Dios, sus posesiones ya no son «mis cosas». Todo lo que los creyentes poseen les ha sido confiado para servir a Dios.

Cada día se añadían nuevos creyentes al número de cristianos. Solo unas semanas antes, cuando Jesús aún estaba llevando a cabo su ministerio terrenal, unirse al cuerpo de creyentes podía significar ser rechazado por los propios familiares (cf. Jn 9, los padres del ciego de nacimiento, a quien le fueron abiertos los ojos). Tal como Jesús lo había prometido, la persecución aumentaría. Sin duda, aún quedaban creyentes en Jerusalén desde el día de Pentecostés que estaban siendo discipulados y formados en la fe. Así que había muchas necesidades entre los nuevos creyentes.

En vista del gran don de Dios en Jesucristo, los creyentes eran muy generosos y estaban dispuestos a compartir con cualquiera que tuviera necesidad. Esa generosidad del pasado se ha vuelto algo complicada para muchos cristianos hoy —¿A quién debemos dar? ¿Y si no lo merece? ¿Y si se aprovechan de mí por dar? Preguntas legítimas.

Comienza dando a los de la familia de la fe, a aquellos creyentes que genuinamente están en necesidad. Es evidente que los creyentes se conocían tan bien, que sabían quiénes tenían necesidades económicas. Más allá de esto, busca la abundante gracia que se necesita, para que con discernimiento lleno del Espíritu sepas cómo cuidar de aquellos que el Padre trae a tu vida.

Sugerencias para la oración: Al considerar las compras navideñas, pide al Espíritu de Dios que te enseñe en qué áreas estás demasiado enfocado en ti mismo; pide ser guiado a oportunidades para dar y ser generoso, tanto con los que están cerca como con los que están lejos.

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