MARTES 3 DE FEBRERO
Lectura bíblica: 2 Reyes 2:19-22; Lucas 19:1-10
Lucas 19:10: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido».
El agua contaminada es como el pecado; tiene un efecto generalizado y perjudicial sobre todos, ya que lo penetra todo y lo destruye a su paso. Aunque la sal parecía un remedio extraño, simboliza el pacto de Dios con nosotros. La sal era requerida en todas las ofrendas de grano y se describe en Levítico 2:13 como «la sal del pacto de tu Dios».
La purificación del agua en Jericó fue sombra de la obra de Cristo. Jesús también fue a Jericó para hacer una obra de limpieza. Fue a la casa de Zaqueo, un publicano conocido como gran pecador. La gente decía: «Ha entrado a posar con un hombre pecador». Pero Jesús dijo: «Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lc 19:9-10).
En ese sentido, Jesús todavía está en Jericó porque por Su Palabra y Espíritu el Hijo del Hombre aún busca y salva a los que están perdidos. Al hacerlo, va a la fuente, limpiando el corazón de los pecadores, así como el agua contaminada fue limpiada en la fuente, en el manantial (v. 21).
El mismo que limpió las aguas de Jericó hace tanto tiempo puede limpiar tu corazón y el mío. Lo hace primero dándonos fe salvadora en Cristo cuando somos justificados. Y luego, habiendo comenzado esa buena obra en nosotros, la lleva adelante hasta completarla mientras nos santifica por el Espíritu Santo mediante la Palabra de Dios.
Sugerencias para la oración: Agradece a Dios que así como el agua en Jericó fue limpiada permanentemente (vv. 21-22), así somos nosotros cuando creemos en Cristo, sabiendo «que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Fil 1:6).
