EL BAUTISMO COMO SEÑAL DE LA META DE LA CREACIÓN DE DIOS

SÁBADO 28 DE MARZO

Lectura bíblica: Éxodo 28:6-21

Col 2:11-12a: «En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo».

En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote era el sustituto y cabeza representativa de Israel, simbolizado por las piedras en sus hombros y las piedras en el pectoral del juicio. Dondequiera que iba, Israel iba con él, y lo que él hacía, Israel lo hacía con él.

El Señor Jesucristo es el cumplimiento del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. En todo lo que hizo, funcionó como el sustituto y cabeza representativa del Israel del Nuevo Testamento, la iglesia, su cuerpo. Así, cuando murió, los miembros de su cuerpo murieron con él.

El bautismo es señal y sello de nuestro haber muerto y sido sepultados con Cristo. Porque la circuncisión en el Antiguo Testamento, hecha con manos, era una marca de identidad de que los miembros de la iglesia habían sido cortados de la vida de la carne en el mundo y la carne en sus corazones —el viejo orden de vida— y habían sido puestos en la iglesia —el nuevo orden de vida—, Pablo llama a nuestro haber sido sepultados con Cristo en el bautismo la circuncisión de Cristo, una hecha sin manos. Es señal y sello de que en Cristo hemos muerto a la vida de la carne en el mundo y la carne que vive en nuestros corazones. Así, como la circuncisión era un recordatorio de lo que implicaba ser miembro de la comunidad del pacto de Dios, el bautismo nos recuerda lo mismo. Si hemos de ser bendición para el mundo, necesitamos morir diariamente a los caminos de la carne del mundo y la carne de nuestros corazones.

Sugerencias para la oración: Pida a su Padre celestial que le muestre dónde necesita morir a la carne para poder ser bendición para quienes le rodean.

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