LUNES, 22 DE JUNIO
Lectura bíblica: Juan 20:24-29
Hebreos 11:1: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve».
Tomás no estaba presente cuando el Jesús resucitado se reveló a los otros discípulos una semana antes. Cuando le contaron sobre ello, dijo que no creería a menos que tuviera prueba visible y tangible. Tomás era siempre el escéptico práctico. No es que Tomás no tuviera fe, pero creo que es justo decir que tenía una fe débil.
En Juan 11, cuando Jesús les dijo a los discípulos que iba a Betania por la muerte de Lázaro y todos sabían que esto era peligroso porque los fariseos querían matar a Jesús, fue Tomás quien dijo: «Vamos también nosotros, para que muramos con él». En Juan 14, cuando Jesús preparó a sus discípulos para su partida inminente y les dijo: «Para que donde yo estoy, vosotros también estéis», fue Tomás quien dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?»
Y aquí en Juan 20, el amoroso Jesús humildemente se sometió a las demandas de este escéptico. Todos los discípulos estaban reunidos tras puertas cerradas y Jesús vino a ellos y habló directamente a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado…» Y eso fue suficiente para Tomás, quien responde con una hermosa confesión: «¡Señor mío, y Dios mío!»
Fue entonces cuando Jesús te mencionó a ti y a mí. Dijo: «Bienaventurados los que no vieron, y creyeron». Esto significa que si eres cristiano, un creyente en Jesucristo y el evangelio, ¡Jesús dice que eres bienaventurado!
Sugerencias para la oración: Ora para que el Espíritu Santo obre para aumentar tu fe y que el conocimiento de que eres bienaventurado te llene de gozo.
