VIERNES, 26 DE JUNIO
Lectura bíblica: Salmo 104:1-35
Salmo 104:34: «Sea grata mi meditación en él; yo me regocijaré en Jehová».
Vivo en Colorado y la mayoría de los días puedo ver las Montañas Rocosas. Cuando en un día despejado veo los picos distantes coronados de nieve, mi corazón se regocija en asombro y alabanza. Pero estoy seguro de que cuando los incrédulos ven la misma vista, aunque no reconocen al Creador, todavía experimentan cierto asombro y maravilla.
Simplemente vivir en este mundo es una bendición. Aunque muchos no lo reconocerán, Dios nos ha bendecido a los humanos. Tenemos talentos y habilidades, disfrutamos de buena salud, tenemos posesiones materiales, tenemos familia y amigos. Podemos apreciar el arte hermoso, maravillarnos ante una puesta de sol colorida y quedar asombrados ante montañas majestuosas. Ya sea cristiano o no, hay un gozo que viene con vivir. Es el gozo de la gracia común de Dios.
El Salmo 104 relata la gran obra creativa de Dios. El salmista mira las montañas y queda asombrado. Reconoce que Dios envía lluvia sobre justos e injustos por igual. Oye a los pájaros cantar, observa a los animales alimentarse, ve a los barcos navegar los océanos. Al final del Salmo dice: «Yo me regocijaré en Jehová». No en los barcos, la lluvia, los animales, las montañas, sino que me regocijo en el Señor.
El gozo en la creación de Dios no durará porque hay mucho más. Jesús preguntó: «¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mr 8:36). El gozo verdadero y duradero no viene en los dones terrenales que disfrutamos de nuestro Creador, por maravillosos que sean, sino en confiar y regocijarse en el Creador mismo.
Sugerencias para la oración: Ora para que tu gozo no consista simplemente en los dones que Dios ha dado, sino que sea en Dios mismo y que tengas un corazón agradecido por todos los dones de Dios.
