Archivo de la categoría: Devocional

TODAS LAS COSAS

DÍA DEL SEÑOR, DOMINGO 18 DE ENERO

Lectura bíblica: Romanos 8:18-32

Salmo 115:3: «Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho».

Todas las cosas, no solo algunas, obran para nuestra salvación. Esto sobrepasa nuestro entendimiento y, sin embargo, es de inmenso consuelo para el creyente. ¡Sublime gracia, cuán dulce es su sonido! John Piper escribió en su libro Gracia futura: «Nada puede derribarte cuando estás dentro de los muros de Romanos 8:28». ¡Qué seguridad, qué certeza, qué gozo santo y maravilloso para los que descansan en Cristo! ¡Y qué bendición confesar juntos como cuerpo de Cristo, en este Día del Señor, que todas las cosas deben obrar para nuestra salvación!

Querido lector, ¿esto te habla directamente? ¿Vives con la seguridad de la promesa de Dios que te conduce a la eternidad? ¿Dónde descansa la esperanza eterna? Medita profundamente en nuestra lectura bíblica. El creyente debe aferrarse siempre a la verdad de 1 Corintios 8:6: «para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él». La vida tendrá sus propias preguntas, pero las respuestas están en el SEÑOR.

Hoy los cristianos de todo el mundo se reúnen para declarar la gloria de Dios. Dan testimonio de su confianza en que Dios está obrando por medio de todos los episodios de la vida para nuestra salvación. Y ¡qué personal es para el creyente atestiguar: mi salvación! ¡Alabado sea el SEÑOR!

«Aunque parezca que todo está fuera de control, tras bastidores hay un Dios que no ha rendido Su autoridad». – A.W. Tozer

Sugerencias para la oración: Testifica en oración ante el SEÑOR: «El SEÑOR frustra los planes de las naciones, hace nulo el consejo de los pueblos. Pero los planes del SEÑOR permanecen para siempre, y los designios de Su corazón por todas las generaciones» (TPH 33:3a).

NI UN CABELLO

SÁBADO, 17 DE ENERO

Lectura bíblica: Juan 6:35-40

Proverbios 19:21: «Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo del SEÑOR permanecerá».

¿Puedes creerlo? No caerá ni un solo cabello de mi cabeza sin la voluntad de mi Padre que está en los cielos. ¡Ni un cabello! El cristiano cree que nada puede separarlo del amor de Dios. El creyente confiesa que sus tiempos están en las manos del Padre celestial.

Los cristianos comprenden que la soberanía de Dios es un gran consuelo. Sabemos lo bendecido que es vivir bajo la seguridad de que nada puede impedir ni frustrar los propósitos de Dios. Job dio testimonio de esta soberanía al decir: «Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de Ti» (Job 42:2). Después de que le fue devuelta la cordura, Nabucodonosor confesó: «Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y Él hace según Su voluntad en el ejército del cielo y en los habitantes de la tierra. No hay quien detenga Su mano, y le diga: “¿Qué haces?”» (Dn 4:35). Dios «hace todas las cosas según el designio de Su voluntad» (Ef 1:11b). El salmista declara: «Todo lo que el SEÑOR quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Hace subir las nubes desde los extremos de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia, saca de Sus depósitos el viento» (Sal 135:6-7). Sí, ¡ni un cabello!

«Nunca temas confiarle tu futuro desconocido a un Dios conocido». – Corrie ten Boom

Sugerencias para la oración: Canta ante el SEÑOR: «Haz tu voluntad, oh Señor, haz tu voluntad. Tú eres el alfarero, yo soy el barro. Fórmame y hazme conforme a tu querer, mientras espero, rendido y quieto» (TPH 553:1).

JESÚS VELA POR MÍ

VIERNES, 16 DE ENERO

Lectura bíblica: Salmo 121

Isaías 41:10: «No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de Mi justicia».

Es un gran consuelo para el seguidor de Jesucristo confesar Su cuidado vigilante. No hay un solo momento en que Cristo nos pierda de vista. Cuando hablamos de la perseverancia de los santos, debemos reconocer que esa perseverancia está enraizada en el cuidado amoroso y preservador de Dios. Si nos dejara valernos por nosotros mismos, pronto nos hundiríamos en el fango de nuestros propios errores.

En el Salmo 121 el salmista nos anima tres veces a confiar en la promesa del Señor:
● El SEÑOR te guardará de todo mal.
● Él guardará tu alma.
● El SEÑOR guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre (vv. 7–8).

¿Te suena esto demasiado bueno para ser verdad? ¿Crees este mensaje del evangelio sobre la promesa del Señor de estar con nosotros y sostenernos día tras día, hora tras hora? Si el evangelio no es verdad, ¿qué lo es? Y si Cristo no es verdadero, ¿quién lo será? Si confiamos en nuestra propia fuerza, nuestra lucha será en vano. Pero sí tenemos «al Hombre idóneo a nuestro lado». La fe para creer es un don de la gracia de Dios. Y en esa gracia maravillosa, los creyentes hacen esta asombrosa confesión: ¡Jesús vela por mí!

«¡Ah! ¡Qué misericordia es que no sea tu asimiento de Cristo lo que te salva, sino Su asimiento de ti!» – Charles Spurgeon

Sugerencias para la oración: «Alabad al Señor con voces gozosas, vuestro Protector nunca duerme; por la voluntad de vuestro Defensor, todo enemigo se rendirá» (TPH 257:4).

LIBRADO DE TODO EL PODER DEL DIABLO: parte 2

JUEVES, 15 DE ENERO

Lectura bíblica: Mateo 13:24-30; 2 Tesalonicenses 2:1-12 (especialmente v. 9)

Juan 8:31-32: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: “Si vosotros permaneciereis en Mi palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”».

La Biblia ofrece muchas descripciones del maligno. Paul Levy (citando en Table Talk, enero de 2024) nos recuerda: «¿Cómo debemos entender el objetivo final del diablo y su motivación? ¿A qué apunta? La forma en que la Biblia lo describe nos ayuda en esto: la palabra Satanás significa “adversario”. Es el maligno, el príncipe de la potestad del aire, el príncipe de las tinieblas, el dios de este siglo, Beelzebú, el tentador, la serpiente antigua, el dragón, el padre de mentira. Todos estos títulos lo presentan como enemigo de Dios. Es el opositor de todo lo bueno y el gran promotor del mal. Su objetivo es ser un rival; su motivación fue destronar a Dios. El orgullo de Satanás lo llevó a caer».

Debemos cuidarnos de dos peligros: uno es tomarlo demasiado en serio—el ángel del engaño no es omnipresente; no puede estar en todas partes. Pero el segundo peligro es tomarlo demasiado a la ligera—porque estamos en una lucha «contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Ef 6:12-13). Lucifer tiene sus secuaces.

¡Qué glorioso es confesar que Jesús nos hace libres! Esa libertad se manifiesta de muchas maneras. Nos libera de las consecuencias de nuestros pecados y nos libera para servirle. Y jamás debemos olvidar que también nos libera de la tiranía del diablo. ¡Alabado sea Dios!

Sugerencias para la oración: «Aunque Satanás venga a atacar y el mundo nos desprecie, mientras estés cerca no habrá temor, tu fuerza nunca falla; tu vara y cayado guiarán nuestros pasos para siempre; ni muerte atroz ni el mismo infierno podrán de ti apartarnos» (TPH 475:2).

LIBRADO DE TODO EL PODER DEL DIABLO: parte 1

MIÉRCOLES, 14 DE ENERO

Lectura bíblica: Salmo 40

Salmo 50:15: «Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás».

El diablo es tiránico. Sus métodos son muchos, y uno de ellos es precisamente la tiranía. La serpiente astuta es opresiva: merodea, seduce. Es un agente de terror. «…nuestro antiguo enemigo procura causarnos dolor; con su poder y maldad, y cruel enemistad, no hay quien se le iguale aquí». El creyente debe resistir las artimañas del diablo. Nuestra palabra “artimañas” expresa comúnmente el engaño por medio de trucos y abarca todos los métodos relacionados con ello. Implica astucia o habilidad, aplicada con fines maliciosos.

Jesús vino para deshacer las obras del diablo (1 Jn 3:8). ¿Lo crees? ¡Debes creerlo! Por el poder del Espíritu Santo, los creyentes aceptan el testimonio del apóstol Pablo al relatar su conversión ante el rey Agripa. Él testificó del mensaje de Cristo, quien lo envió «para que abras sus ojos (los de los gentiles), para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados» (Hch 26:18).

«Tenemos que enfrentarnos a un enemigo sutil, un enemigo que usa artimañas y estrategias. Tiene mil maneras de engañar a las almas inestables; por eso se le llama serpiente, por su astucia, y serpiente antigua, por su experiencia en el arte y oficio de tentar». – Comentario de Matthew Henry sobre Efesios 6:11.

Sugerencias para la oración: En oración testifica: «¡Oh Dios, santas son tus obras, no hay Dios como Tú! Con maravillas sin igual mostraste tu virtud. Redimiste a tu pueblo fiel con brazo protector; libraste al hijo de Jacob, al hijo de José» (TPH 77:5).

LIBRADO DE TODO EL PODER DEL DIABLO: parte 1

MIÉRCOLES, 14 DE ENERO

Lectura bíblica: Salmo 40

Salmo 50:15: «Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás».

El diablo es tiránico. Sus métodos son muchos, y uno de ellos es precisamente la tiranía. La serpiente astuta es opresiva: merodea, seduce. Es un agente de terror. «…nuestro antiguo enemigo procura causarnos dolor; con su poder y maldad, y cruel enemistad, no hay quien se le iguale aquí». El creyente debe resistir las artimañas del diablo. Nuestra palabra “artimañas” expresa comúnmente el engaño por medio de trucos y abarca todos los métodos relacionados con ello. Implica astucia o habilidad, aplicada con fines maliciosos.

Jesús vino para deshacer las obras del diablo (1 Jn 3:8). ¿Lo crees? ¡Debes creerlo! Por el poder del Espíritu Santo, los creyentes aceptan el testimonio del apóstol Pablo al relatar su conversión ante el rey Agripa. Él testificó del mensaje de Cristo, quien lo envió «para que abras sus ojos (los de los gentiles), para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados» (Hch 26:18).

«Tenemos que enfrentarnos a un enemigo sutil, un enemigo que usa artimañas y estrategias. Tiene mil maneras de engañar a las almas inestables; por eso se le llama serpiente, por su astucia, y serpiente antigua, por su experiencia en el arte y oficio de tentar». – Comentario de Matthew Henry sobre Efesios 6:11.

Sugerencias para la oración: En oración testifica: «¡Oh Dios, santas son tus obras, no hay Dios como Tú! Con maravillas sin igual mostraste tu virtud. Redimiste a tu pueblo fiel con brazo protector; libraste al hijo de Jacob, al hijo de José» (TPH 77:5).

POR LA SANGRE DE LA CRUZ

MARTES, 13 DE ENERO

Lectura bíblica: Colosenses 2:1-15

Lucas 22:20: «De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”».

La vida está en la sangre. Si uno pierde toda su sangre, muere. Jesús derramó su preciosa sangre para darnos vida. Esto siempre debe conmover nuestra alma, tocando profundamente nuestras fibras más íntimas. Leemos en el Capítulo 2, Artículo 8 de los Cánones de Dort:

Porque este fue el consejo absolutamente libre, la voluntad misericordiosa y el propósito de Dios Padre: que la eficacia vivificadora y salvadora de la preciosa muerte de Su Hijo se extendiese a todos los elegidos para dotarlos únicamente a ellos de la fe que justifica, y por esto mismo llevarlos infaliblemente a la salvación [Ef 5:25-27]; es decir: Dios quiso que Cristo, por la sangre de Su cruz [Lc 22:20] (con la que Él corroboró el Nuevo Pacto [He 8:6]), salvase eficazmente, de entre todos los pueblos, tribus, linajes [Ap 5:9] y lenguas, a todos aquellos, y únicamente a aquellos, que desde la eternidad fueron elegidos para salvación, y que le fueron dados por el Padre; los dotase de la fe [Fil 1:29], como asimismo de los otros dones salvadores del Espíritu Santo, que Él les adquirió por Su muerte; los limpiase por medio de Su sangre de todos sus pecados [1 Jn 1:7], tanto los originales o connaturales como los actuales, tanto del pasado como los cometidos después de la fe; los guardase fielmente hasta el fin [Jn 10:28] y, por último, los presentase gloriosos ante sí sin mancha ni arruga [Ef 5:27].

(eficacia: capacidad de producir los resultados deseados)

Sugerencias para la oración: Reconoce delante del SEÑOR: «¿Qué puede lavar mi maldad? Solo de Jesús la sangre. ¿Y darme plena salvación? Solo de Jesús la sangre. ¡Precioso es el raudal que limpia todo mal! No hay otro manantial, solo de Jesús la sangre» (TPH 278:1).

JESÚS HA HECHO UNA SATISFACCIÓN COMPLETA

LUNES, 12 DE ENERO

Lectura bíblica: Isaías 53

Romanos 6:23: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».

¡Jesús lo pagó todo! Pagó nuestra deuda. Pagó para remover la maldición. Pagó para satisfacer la justicia de Dios. Pagó para lavar al creyente y dejarlo blanco como la nieve. Por la gracia de Dios testificamos que la muerte de Cristo tiene un valor infinito. Leemos en la Confesión Reformada, los Cánones de Dort, Capítulo 2, Artículos 3 y 4:

Esta muerte del Hijo de Dios es el sacrificio y la satisfacción única y perfecta por los pecados [He 9:26, 28; 10:14], de valor y dignidad infinitas, y abundantemente suficiente como para expiar los pecados del mundo entero [1 Jn 2:2].

Por lo tanto, esta muerte es de tan gran valor y dignidad, porque la persona que la padeció no solo es un hombre verdadero y perfectamente santo [He 4:15; 7:26], sino también el Hijo de Dios [1 Jn 4:9], de una misma, eterna e infinita esencia con el Padre y el Espíritu Santo, tal como tenía que ser nuestro Salvador. Además de esto, porque su muerte fue acompañada con el sentimiento de la ira de Dios [Mt 27:46] y de la maldición que habíamos merecido por nuestros pecados.

¿Crees esto? Valor infinito—una plenitud que no puede ser plenamente comprendida. Confía en el sacrificio final y de una vez para siempre del Señor Jesucristo.

«La fe nunca es algo aislado o solitario. Nunca debes separar la fe de su objeto. La fe siempre está unida a su objeto. ¿Y cuál es el objeto? El objeto es el Señor Jesucristo, Su obra perfecta y Su justicia perfecta».

— Dr. Martyn Lloyd-Jones

Sugerencias para la oración: Confiesa ante el Señor: «Y cuando ante el trono, completo en Él esté, Jesús murió por mí, y yo lo cantaré: Jesús lo pagó, todo a Él se lo debo; el pecado dejó mancha carmesí, Su sangre la limpió» (TPH 276:4).

PERTENECER A MI FIEL SALVADOR

DÍA DEL SEÑOR, DOMINGO 11 DE ENERO

Lectura bíblica: Hebreos 1:1-4; Isaías 50:4-7

Mateo 20:28: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos».

Hay muchas características y cualidades que deben atribuirse a nuestro Mesías. Él es el hermoso Salvador. Los creyentes confiesan la sabiduría, la compasión y la humildad de Cristo. Qué descripción tan fortalecedora para el alma nos dan las palabras iniciales de Hebreos 1 acerca de la persona de Cristo. Los cristianos de todo el mundo reconocen que Jesús es «el camino, la verdad y la vida». Solo por medio de Jesús podemos llegar seguros al hogar en la casa de nuestro Padre. Él es el amigo de los pecadores, el CORDERO de Dios que vino para quitar el pecado del mundo. Él es la luz de este mundo oscuro.

Nuestro Catecismo de Heidelberg describe a Jesús como nuestro fiel Salvador. Esta es una hermosa confesión. Jesús fue fiel a Su tarea hasta el final. Puso Su rostro como pedernal para ir a Jerusalén, donde sería crucificado, muerto y sepultado como sacrificio por nuestros pecados. El Salvador fiel, que salva hasta lo sumo, no vaciló en Su compromiso de cumplir el plan de salvación de Dios. Él es confiable y digno de toda confianza, siempre cumpliendo Sus promesas a quienes creen en Él. Jesús estuvo plenamente consagrado al propósito y a la misión de Dios.

Hoy, como cuerpo de Cristo, traemos nuestra adoración. Nuestro SEÑOR es digno de nuestra alabanza. Dedícate a proclamar Su gloria. ¡Que nuestros corazones conozcan algo del «Aleluya, qué Salvador»!

«La gloria del evangelio es que aquel de quien necesitamos ser salvos es el mismo que nos salva».

— R. C. Sproul

Sugerencias para la oración: «Cantaré eternamente las misericordias del SEÑOR; anunciaré Su fidelidad de generación en generación» (TPH 89B:1).

PERTENECER EN CUERPO Y ALMA EN LA MUERTE

SÁBADO, 10 DE ENERO

Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 4:13-18

1 Corintios 15:13-14: «Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe».

Una vez más nos encontramos con la realidad final de esta vida: la muerte. Una vez más, nos recordamos a nosotros mismos que la vida es breve; la muerte, segura; el pecado, la causa; y Cristo, la cura. Un día todos moriremos (a menos que Cristo regrese antes). La muerte será el último instante de nuestra vida, y después, la eternidad. La muerte tiene su propio peso y su propia sombra. Pero con acción de gracias al SEÑOR, el creyente confiesa que Cristo jamás está ausente, ni siquiera en ese último momento. Es una bendición preciosa confesar que, en Su misericordia, Dios guarda a Su pueblo de recibir lo que merece. Y en Su gracia, Dios concede a los seguidores de Cristo lo que no merecen. Los cristianos pueden estar seguros de que el SEÑOR nos llevará de este siglo al venidero.

Nuestros hermanos reunidos en Tesalónica hace ya dos mil años fueron consolados con la certeza de que los que «duermen en Jesús» no deben temer, pues «los muertos en Cristo resucitarán primero». ¿No es maravilloso? Si temes ese momento de la muerte, vuelve tu mirada a las promesas del SEÑOR, que son sí y amén en Jesucristo. ¡Cristo ha ido delante de nosotros! Mañana nos reuniremos una vez más como cuerpo de Cristo, descansando en los frutos de la resurrección. Que el SEÑOR añada así Su bendición.

«Él murió por mí; hizo Su justicia mía y mi pecado lo hizo Suyo; y si Él hizo Suya mi culpa, entonces yo no la tengo, y soy libre».
— Martín Lutero

Sugerencias para la oración: Reconoce delante del SEÑOR: «Por gracia soy heredero del cielo; ¿por qué dudar, oh corazón tembloroso? Si lo que las Escrituras claramente prometen es cierto y firme en todo sentido, también ha de ser verdad divina: por gracia, la corona de la vida es mía» (TPH 477:1).