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PAZ EN LA TIERRA

JUEVES, 18 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 1:67-80

Lucas 2:13-14: «Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”».

El evangelio de Cristo trae gloria a Dios en las alturas. También trae paz en la tierra. Trae paz en la tierra «para con los hombres de buena voluntad». Una traducción más literal del griego sería: «paz entre los hombres de su beneplácito».

¿Anhelas la paz en la tierra? ¿Anhelas un mundo sin más guerras, sin violencia ni derramamiento de sangre? ¿Anhelas un mundo sin divorcios, sin conflictos familiares, sin amargura, traiciones, amistades rotas ni enemistades entre personas y pueblos? ¿Anhelas estar en paz con Dios, con los demás y contigo mismo?

Solo las personas «de su beneplácito» disfrutarán eternamente del tipo de paz prometido aquí. El «beneplácito» mencionado en Lucas 2:14 es el favor que Dios tiene para con sus hijos en Cristo. Se deleita en ellos únicamente porque, por la fe, participan del estado agradable de Cristo ante el Padre. Gracias a Cristo, y a su vida perfecta y su muerte en nuestro lugar, Dios ahora nos dice lo que una vez le dijo a Jesús: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia» (Lc 3:22b).

Los hijos perdonados de Dios disfrutan de paz con Él por medio de la fe en Cristo (véase Ro 5:1). Su Espíritu luego nos capacita para vivir en paz con nuestros hermanos y hermanas en la fe (véase Ef 2:14-18; 4:1-3; Ro 12:18). En última instancia, la «paz en la tierra» incluirá una armonía perfecta con Dios, entre nosotros, en nuestro interior y con el resto de la creación. Entonces daremos «gloria a Dios en las alturas» perfectamente y para siempre.

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por el favor inmerecido y la paz que disfrutamos en Cristo. Ora por el poder del Espíritu Santo para ser un pacificador como Cristo en tus relaciones y en tu ámbito de influencia.

GLORIA A DIOS

MIÉRCOLES, 17 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Romanos 11:33-36

Lucas 2:13-14: «Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”».

Una querida hermana de mi congregación, que ya partió con el Señor, se me acercó un día de Navidad después del sermón sobre este pasaje. «Pastor», me dijo, «la Biblia no dice que los ángeles cantaron estas palabras». Le concedí que tenía razón. Supongo que me encanta la idea de un gran coro celestial entonando estas frases. ¡Ciertamente, desde entonces estas palabras se han puesto en música hermosa!

Cantadas o habladas, estas palabras proclaman dos grandes resultados que fluyen de la maravillosa obra de Dios al enviar a su Hijo al mundo. El primer gran resultado es: «Gloria a Dios en las alturas». El segundo es: «en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres».

Dios merece toda la gloria por su impresionante obra redentora a nuestro favor en Cristo, comenzando con la encarnación. Merece ser reconocido, admirado y adorado por su glorioso carácter y atributos revelados en Cristo, y por su obra salvadora a nuestro favor. De hecho, el propósito de la obra redentora de Dios es atraernos de nuevo a la comunión con nuestro Dios trino, para glorificarle y gozar de Él por siempre.

La doxología de Romanos 11 proclama el propósito y el resultado de los caminos asombrosos de Dios: sus caminos soberanos para redimir un pueblo que lo glorifique, desde la elección hasta la glorificación. «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!… Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén» (Ro 11:33a,36).

Sugerencias para la oración: Alaba a Dios, de forma específica, por todo lo que ha hecho por ti en Cristo y por lo que eso revela de su carácter. Ora para que el evangelio te llene cada vez más de asombro, reverencia y adoración por nuestro Dios trino.

SOLO JESÚS RECIBE EL CORO

MARTES, 16 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Apocalipsis 5:1-14

Lucas 2:13-14: «Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”».

Isaac, Sansón y Juan el Bautista: ¿qué tienen en común? Todos recibieron anuncios celestiales de nacimiento. Recibieron anuncios celestiales incluso antes de ser concebidos, como hombres que Dios eligió para usar en su plan de salvación.

Nuestro Señor Jesús también recibió un anuncio celestial antes de ser concebido. Pero recibió mucho más. Recibió un anuncio celestial inmediatamente después de nacer: «He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lc 2:10b-11).

Sobre todo, ¡sólo Jesús recibe el coro! Sólo cuando nace Jesús, el ejército entero del cielo irrumpe en alabanza tras el anuncio de su nacimiento. Y así debe ser. La venida del Hijo de Dios, que también es Dios el Hijo, es el punto culminante de la historia de la salvación. ¡Los ángeles no pueden contenerse!

El coro del ejército reaparece en Apocalipsis 5. Millones de seres celestiales claman en respuesta al reconocimiento de que Cristo resucitado y reinante ha tomado su lugar exaltado al frente de la historia redentora. En Apocalipsis 5:13-14, toda la creación se une al coro. Ese es el objetivo de la historia: que los hijos escogidos de Dios, redimidos en Cristo, junto con toda la creación, tomen su lugar en el coro jubiloso para glorificarle y gozar de Él para siempre. «¡Todo lo que respira alabe a JAH! ¡Aleluya!» (Sal 150:6).

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por las razones que nos ha dado en Cristo para cantar y aclamar junto con los ángeles. Pide al Espíritu Santo que despierte de nuevo tu corazón a la gloria y la gracia de Dios, para que puedas alabarle más plenamente con tus labios y con tu vida.

UNA SEÑAL

LUNES, 15 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Isaías 53:1-3

Lucas 2:12: «Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

El ángel acababa de anunciar a los pastores nuevas de gran gozo. El Señor había enviado al hijo de David a la ciudad de David. Había nacido para ellos como su Salvador, su Cristo y su Señor.

Era mucho para asimilar. En su bondad, el Señor les dio una señal que confirmara su asombrosa palabra. Hallarían a un bebé envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Si tropezaras con un bebé acostado en un pesebre y alguien te dijera: «¡Este es nuestro Salvador, Cristo el Señor!», ¿le creerías? Probablemente no. Esperarías hallarlo en una mansión, rodeado de guardias, viviendo en lujos… a menos que Dios mismo te hubiera dicho: «Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

La señal confirma la palabra. También confirma qué tipo de Salvador es: un Salvador humilde, que «no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos» (Is 53:2b). Esto fue cierto en su nacimiento, en su vida y en su muerte.

Hoy, Cristo confirma su presencia mediante señales humildes y ordinarias: el agua, el pan y el vino. Aquellos que lo buscan y lo reciben por la fe en estas señales, reciben también todos sus beneficios.

Por último, el ángel dijo a los pastores: «Hallaréis al niño…». Tenían que buscarlo para encontrarlo. Y eso mismo es cierto para nosotros hoy.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por darnos señales que confirman su Palabra y fortalecen nuestra fe. Ora por gracia para caminar por fe y no por vista.

CRISTO EL SEÑOR

DOMINGO, 14 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Filipenses 2:5-11

Lucas 2:10-11: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor».

El ángel proclama que el Salvador nacido en Belén es «Cristo el Señor». «Cristo» es la palabra griega para «Mesías». Ambas palabras significan «Ungido». En el Antiguo Testamento, los profetas, sacerdotes y reyes eran ungidos con aceite al ser instituidos, para simbolizar la llenura y el poder del Espíritu Santo necesarios para cumplir su llamado.

En 2 Samuel 7, el SEÑOR prometió a David, su rey ungido en ese momento, que su descendencia se sentaría en su trono para siempre. El pueblo de Dios esperaba a un futuro Ungido, un futuro Cristo, un futuro Hijo de David que redimiría a su pueblo, establecería su reino y reinaría por siempre (véase Catecismo de Heidelberg, P&R 32). Los pastores escuchan ahora que Él ha llegado.

Jesús es también el Señor. Este título establece su gobierno soberano sobre todo y sobre todos. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2:9-11).

Cristo el Señor es nuestro Señor. El Catecismo de Heidelberg pregunta en la P&R 34: «¿Por qué lo llamas “nuestro Señor”?» Y responde con consuelo: «Porque, no con oro ni plata, sino con su preciosa sangre, nos ha redimido de todos nuestros pecados y de la tiranía del diablo, y nos ha hecho suyos, en cuerpo y alma».

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por haber enviado a Jesús como nuestro Cristo y nuestro Señor, y por todo lo que eso significa para nuestra vida. Ora por gracia para confiar en Él y someterte a Él como Señor de todo.

UN SALVADOR

SÁBADO, 13 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Isaías 45:20-25

Lucas 2:10-11: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor».

El ángel proclama el nacimiento de «un Salvador». Si le preguntas a las personas: «¿De qué necesitas ser salvo?», podrían responder: «Del cáncer, de deudas crecientes, de una adicción, de una persona tóxica, de la depresión y la ansiedad, de los altos impuestos, del gobierno corrupto, del duelo insoportable, de malos hábitos, de la lujuria, del enojo», etcétera.

Nuestro Salvador Jesús salvará a su pueblo de todas estas cosas y muchas más. Pero, por encima de todo, necesitamos un Salvador que nos libre del pecado: de nuestra culpa, nuestra corrupción y del juicio de Dios contra ello.

Necesitamos que Jesús nos salve de la culpa del pecado. Jesús, nuestro Sustituto, vivió la vida que debimos haber vivido y murió la muerte que merecíamos, para quitar nuestro pecado y la ira de Dios contra él. Cuando confesamos nuestro pecado y clamamos por misericordia, Dios nos perdona y nos justifica.

Necesitamos que Jesús nos salve del poder del pecado. Pablo exclama: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro» (Ro 7:24-25a).

Necesitamos que Jesús nos salve de la miseria del pecado: todas las miserias que entraron en el mundo por causa del pecado, incluida la muerte misma. Todos los que pertenecen a Cristo por la fe tienen esta esperanza: Él regresará para hacer nuevas todas las cosas. Enjugará las lágrimas de todos los ojos y quitará todas las miserias que las causan.

«Y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1:21b).

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por el don de Jesús nuestro Salvador y por todo lo que nos libra. Ora para que te salve a ti y a otros de la culpa, el poder y las miserias del pecado.

BUENAS NUEVAS DE GRAN GOZO

VIERNES, 12 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Isaías 52:7-10

Lucas 2:10-11: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor».

Es maravilloso recibir buenas noticias. «¡El cáncer ha desaparecido!» «¡Tu hijo vivirá!» «¡Un donante anónimo pagó tu matrícula!» Las buenas noticias, cuando se reciben y se creen, nos inundan de gratitud y alegría. Producen gozo.

El mensajero de Dios gritó a los pastores: «Os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo». Dios había dispuesto que esas buenas nuevas produjeran gran gozo en ellos.

Esto nos remonta a Isaías 52:7-8a: «¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo».

Imagina la escena. El rey ha salido a enfrentar a un terrible enemigo. En la ciudad, los centinelas y ciudadanos esperan con mezcla de esperanza y temor. Su destino está en manos de su rey.

De pronto, un heraldo viene corriendo. Los centinelas lo divisan a lo lejos. En cuanto está al alcance de la voz, grita: «¡Nuestro rey venció! ¡Nuestro rey reina!» Los centinelas estallan de alivio y gozo. Luego transmiten las buenas nuevas a los ciudadanos de la ciudad.

En este pasaje, el ángel es el heraldo. Los pastores son los centinelas que reciben la buena noticia. Es una noticia que los llena de gran gozo. Y es una noticia «para todo el pueblo». Deben transmitirla. Y nosotros también.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por haberte declarado las buenas nuevas de Cristo y su gracia redentora. Ora por gracia, valor y oportunidades para compartirlas como lo hicieron los pastores.

ÁNGELES

JUEVES, 11 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Salmo 103:19-22

Lucas 2:8-9: «Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor».

El Salmo 103:19 nos recuerda: «Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos». Él tiene un vasto ejército de tropas celestiales listas para ejecutar sus órdenes. Les llamamos ángeles. «Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto. Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad» (Sal 103:20-21).

El Señor con frecuencia envió ángeles para entregar mensajes a su pueblo. De hecho, las palabras hebrea y griega para ángel significan ‘mensajero’. El Señor a menudo anunció a su pueblo, mediante ángeles, lo que haría después en la historia de la redención. Por ejemplo, Dios le dijo a Zacarías, mediante el ángel Gabriel, que su esposa daría a luz a Juan, el precursor de Jesús (Lc 1:5-25). También le dijo a María, mediante el mismo ángel, que daría a luz milagrosamente al Mesías (Lc 1:26-38).

Ahora, el gran Rey envía a un ángel a anunciar el nacimiento de su Hijo a unos pastores en el campo. Como era de esperarse, el resplandor glorioso de estos guerreros celestiales sobresalta y aterra a los pastores. Pero ellos no tienen por qué temer. El mensajero de Dios no viene a juzgar, sino a anunciar gracia. No trae malas noticias, sino buenas nuevas.

Hoy no esperamos que los ángeles nos anuncien el evangelio. «En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» (He 1:2a). Gracias a Dios, tenemos acceso a su voz vivificadora en las Escrituras.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por habernos revelado el evangelio de Jesucristo. Ora para que el Espíritu Santo abra el corazón de muchos a fin de que crean el evangelio y reciban a Cristo como Salvador y Señor.

LOS PASTORES

MIÉRCOLES, 10 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: 1 Corintios 1:26-31

Lucas 2:8: «Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño».

¡La acción no está en Roma, sino en Belén! Y ahora el enfoque cambia de Belén a un campo cercano. Unos pastores están cuidando sus ovejas al aire libre, bajo el cielo nocturno.

La tradición judía nos dice que estos hombres no eran respetados ni confiables dentro de la sociedad. El testimonio de los pastores y de las mujeres no se aceptaba en los tribunales. La sociedad judía menospreciaba a ambos. ¿Acabas de conectar los puntos? ¡El Señor eligió a pastores para anunciar el nacimiento de Cristo y a mujeres para anunciar su resurrección!

«Pues mirad, hermanos, vuestro llamamiento: que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia» (1 Co 1:26-29).

La tradición también sostiene que estos pastores criaban ovejas para los sacrificios del templo. Esos corderos requerían un cuidado especial para mantenerse sin mancha: sin heridas, sin raspaduras, sin defectos. No muy lejos de allí, el Cordero de Dios, sin mancha ni contaminación, el que quita el pecado del mundo, yacía envuelto en pañales dentro de un pesebre. Él también sería preparado para un sacrificio, no muy lejos del recinto del templo.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios porque usa vasos humildes para cumplir sus propósitos. Ora para que Dios te forme y te use para sus fines, con tus fortalezas, debilidades y todo lo demás.

ROMA Y BELÉN

MARTES, 9 DE DICIEMBRE

Lectura bíblica: Lucas 1:26-38

Lucas 2:6-7: «Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón».

Cuando estaba en la escuela, detestaba escribir “Mar Mediterráneo”. Los antiguos romanos lo llamaban Mare Nostrum, “Nuestro mar”. ¡Ojalá se hubiera llamado así cuando estaba en la escuela!

“Nuestro mar” proclama: “Todo nos pertenece”. Bajo Augusto, el Imperio romano rodeaba completamente ese mar y controlaba cada centímetro de su costa. Mira un mapa del antiguo Imperio romano. Observa a Roma, el centro de poder en el corazón del imperio. Ahora busca la pequeña ciudad de Belén, en el extremo oriental del imperio. Roma y Belén: ¡cuán grande es el contraste! ¡Cuán grande es la diferencia entre el emperador en Roma y el bebé en Belén!

Gracias a Dios, una fotografía a mitad del tiempo no cuenta toda la historia. Tampoco nos muestra hacia dónde se dirige la historia. El ángel le había dicho a María: «Concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS… y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc 1:31, 32b-33).

Lucas 2 comienza en Roma, con César Augusto en el trono. Sin embargo, a los sesenta años del nacimiento de Cristo, muchos en Roma ya decían: “Jesucristo es el Señor” en lugar de “César es el Señor”. Hechos, la continuación del Evangelio de Lucas, termina con Pablo predicando el evangelio de Cristo en la misma Roma. Augusto ha muerto, pero Jesús vive y reina como Rey. Belén triunfa sobre Roma en toda época.

Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por habernos revelado que Jesucristo es el Señor en un mundo que dice: “César es el Señor”. Ora por valor y confianza para anunciar a otros las buenas nuevas de que Jesús es el Señor.