JUEVES, 7 DE MAYO
Lectura bíblica: Hebreos 12
1 Pedro 1:7: «para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo».
La fe genuina está en el corazón mismo de la vida cristiana. Somos salvos por la fe, vivimos por la fe y sin fe es imposible agradar a Dios (He 11:6). Pero ¿qué hace que tu fe sea genuina en contraste con algo falso o equivocado? Pedro nos dice que la fe genuina es algo probado y más valioso que incluso el oro purificado por fuego. Cuando el oro se coloca en un horno, no es para que el oro sea dañado o destruido, sino para que sea hecho más puro y precioso. Todas las impurezas y la escoria deben ser quemadas para que solo el oro esté presente y nada más. De hecho, se ha dicho que un orfebre oriental mantenía el metal precioso en el horno hasta que pudiera ver su rostro reflejado en él.
¿Por qué debemos pasar por el horno de la aflicción, el dolor o la tristeza? Es para que la prueba genuina de tu fe refleje la belleza y la gloria de Jesucristo más y más cada día hasta que todo su pueblo vaya a estar con él en gloria. ¿Cómo sabes que tu fe es real y no falsa? La fe verdadera es una plena creencia y confianza en Cristo para salvarte sin importar lo que enfrentes en la vida, sea bueno o difícil. La fe genuina es una fe que sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. ¿Tienes tú esta fe verdadera?
Sugerencias para la oración: Pide al Señor que te conceda una fe genuina que resista todas las pruebas y tristezas de la vida, una fe centrada solo en Cristo para la salvación y una fe que esté siendo purificada para que Cristo sea cada vez más precioso para ti.
