MARTES, 12 DE MAYO
Lectura bíblica: Isaías 6
1 Pedro 1:15-16: «sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo».
Hay dos elementos en la santidad de Dios. El primero es la idea de estar apartado. Dios está totalmente por encima y más allá de nosotros y está en una clase por sí mismo. Hay una profunda diferencia entre él y aquellos que ha creado. El segundo aspecto de la santidad (el que generalmente pensamos primero) es la idea de pureza. Esta es su pureza intrínseca y trascendente, la norma de justicia según su ley moral a la cual todo el universo debe conformarse. Él establece la norma para nuestra moralidad pues es el Legislador soberano.
Pedro da un mandamiento aquí de que debemos ser santos en toda nuestra conducta como Dios es perfectamente santo. ¡Esta es una orden alta para nosotros! ¿Cómo podemos cumplir tal mandamiento cuando vivimos vidas tan impías aun con un deseo de obedecer al Señor? Un par de cosas a tener en cuenta: en el momento en que ponemos nuestra fe en Jesucristo como Salvador, somos posicionalmente santificados o apartados para Dios. «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es» (2 Co 5:17). Luego debemos ser progresivamente santificados creciendo en santidad. Esto es toda una vida de morir al pecado y vivir más para la justicia (Gá 5:16; Ro 8:13). Cuando entremos en la gloria seremos perfectamente santificados, hechos completamente como él. Si deseas ser santo, tu relación con Cristo debe crecer porque solo él puede hacerte santo.
Sugerencias para la oración: Pide al Señor que cumpla tu llamado haciéndote santo y que como su pueblo, podamos más y más morir al pecado y vivir para la justicia por medio de Cristo que nos hace santos.
