LUNES, 15 DE JUNIO
Lectura bíblica: Juan 19:17-27
Juan 19:26-27: «dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa».
Unos 33 años antes, María y José llevaron al niño Jesús al templo. Estando allí, Simeón tomó a Jesús en sus brazos y alabó a Dios por dejarle ver la salvación de Dios. Mientras José y María se maravillaban de todo esto, Simeón también los bendijo y profetizó sobre lo que Cristo haría. Mientras hablaba, se volvió a María y dijo: «Y una espada traspasará tu misma alma» (ver Lc 2:22-35).
Esa estocada de espada llegó cuando ella vio a su Hijo colgando, clavado en la cruz.
Pero Jesús, amándola a pesar de su agonía, cuidó de su madre terrenal. Muchos se preguntan por qué se dirigió a ella como «mujer» pensando que suena bastante frío e insensible. Pero Jesús en realidad le está diciendo que debe verlo no simplemente como su Hijo, sino como su Salvador y Señor. Al mismo tiempo, como Hijo fiel, designó a Juan para que la acogiera y cuidara de ella. De ahí en adelante, Juan sería su guardián, proveedor y protector.
La tercera palabra de Jesús en la cruz es una palabra de amor y afecto. Pero aunque esta palabra particular está dirigida a María y Juan, es ese mismo amor y afecto por ti y por mí lo que lo impulsó a dar su vida. Cristo, al tomar nuestros pecados sobre sí mismo, nos proveyó nuestra mayor necesidad: perdón y reconciliación con Dios. ¡Oh, qué amor! ¡Oh, qué gozo!
Sugerencias para la oración: Da gracias porque Dios ha provisto tus necesidades, tanto materiales como espirituales.
