DOMINGO, 9 DE AGOSTO
Lectura bíblica: Salmo 50:8-11
Salmo 50:9: «No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos».
Ayer consideramos a Dios. Israel no lo había hecho. Oh, estaban involucrados en la actividad de adoración. Parece que estaban bastante ocupados. Los sacrificios eran llevados al templo y ofrecidos. Creo que lo que sucedió es que Israel adoraba al Señor de la misma manera que otras naciones adoraban a sus ídolos.
Mira, el ídolo siempre necesita algo. El ídolo necesita ser despertado para que haga algo. Toda otra clase de religión está orientada a las obras. Si hacemos algo, entonces los dioses harán algo por nosotros. Israel había aplicado este tipo de pensamiento a Dios. Era la adoración de la manipulación. Querían buenas cosechas o hijos saludables —la buena vida— y si cumplían las reglas y ofrecían los animales, pensaban que Dios los bendeciría.
Ese tipo de adoración empequeñece a Dios. Todo en el planeta ya es suyo. Somos su pueblo. Israel había olvidado que Dios había bendecido no por lo que ellos hacían, sino porque él es bueno y misericordioso. Él no necesitaba nada de ellos ni de nosotros — sino nuestro amor y devoción.
Hoy adoraremos al Señor. Pero, ¿por qué vas a hacerlo? ¿Es para sentirte mejor, para ser más feliz? La adoración debe ser una respuesta a la gracia recibida y aplicada. El Salmo 100 nos enseña que somos su pueblo no porque le damos algo, sino porque él nos salvó. ¡Por eso somos suyos! Entremos por sus puertas con acción de gracias.
Sugerencias para la oración: Pide inspiración para que la iglesia conozca a Dios y lo honre en nuestra adoración y canciones de alabanza.
