MARTES, 20 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: 1 Juan 2:1-6
1 Tesalonicenses 1:10: «…y esperar a su Hijo de los cielos, al cual resucitó de entre los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera».
«¡No es justo!». La última vez que escuché estas palabras, mi hija tenía lágrimas en los ojos y golpeaba el suelo con el pie. Estaba enojada. ¿O estaba indignada? Estas palabras son parecidas, pero distintas. El enojo lo causa sentirse herido o insultado, y es un sentimiento de fuerte desagrado. La indignación la causa la injusticia: algo que ocurre y que no está bien, y en lo cual tú o alguien que te importa resulta lastimado. A esto se le suele llamar «ira justa». La ira es enojo e indignación juntos. Es algo profundo e intenso, y algo que Dios hace de manera perfecta hacia quienes no lo aman.
Dios se aíra contra quienes desobedecen su ley, insultan su nombre y hieren a su pueblo. Quizás recuerdes historias bíblicas en las que Dios destruye a personas que pecan. En esas historias, recuerda que Dios manifiesta sus emociones de manera perfecta. Él no «pierde el control». Su respuesta llega en el momento correcto y de la manera correcta según la situación. Dios derrama su ira sobre los incrédulos. Esto se manifiesta de dos formas: 1) consecuencias visibles en el presente por acciones pecaminosas, como un puño lastimado después de golpear a alguien, y 2) los últimos días, cuando los incrédulos van al infierno. El infierno recibe toda la fuerza de la ira de Dios, y nada de su amor.
La ira de Dios es terrible y hace temblar nuestra alma, pero Jesús es la propiciación por el pecado del creyente. Esto significa que el sacrificio de Jesús en la cruz detuvo la ira de Dios hacia los creyentes. Los creyentes reciben salvación de la ira de Dios solo por la fe. Dios los perdona.
Sugerencias para la oración: Pide una fe que no confíe en ti mismo, sino que confíe por completo en Jesús y en su obra en la cruz. Pide perdón y salvación de la ira de Dios.
