LUNES, 5 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Juan 1:1-14
Juan 1:10: «En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; y el mundo no le conoció».
La historia de la Navidad es una de las más grandes historias de misterio: el niño en el pesebre es Dios. ¿Cómo puede ser esto? Es difícil entender cómo el niño Jesús podía estar perfectamente unido a las otras personas de la Trinidad —Dios el Padre y el Espíritu Santo— y, al mismo tiempo, ser sostenido en los brazos de su madre. Además, Jesús era Dios más todo lo que implica ser humano. Él no era Dios menos algunas partes de Dios, para así poder ser humano. Tampoco era Dios en una parte de sí mismo y humano en otra parte. Más bien, Jesús era plenamente Dios y plenamente hombre, y sin embargo, completamente perfecto. Es algo incomprensible.
No poder entender algo puede resultar perturbador, como cuando fallas preguntas en un examen escolar. Sin embargo, hay consuelo en adorar a un Dios que es más grande que tú, que está más allá de tu entendimiento, que es asombroso.
Aún más misteriosa que la historia de la Navidad es la historia de la Pascua. Si Jesús es plenamente Dios, resulta asombroso que muriera (más asombroso incluso que su resurrección de entre los muertos). Jesús dejó a un lado su gloria y contuvo su poder. Se convirtió en un siervo perfectamente obediente, aceptando privaciones, siendo herido, sintiéndose solo, incomprendido, odiado, y muriendo una muerte de criminal.
Maravíllate ante el gran amor de Jesús por su pueblo. Mira todo lo que estuvo dispuesto a hacer para que los creyentes fueran perdonados, tuvieran paz con Dios y una esperanza segura de gloria.
Sugerencias para la oración: Alaba a Dios por su gracia y su amor al enviar a Jesús a salvar a los pecadores. Ora para que Jesús te salve de tus pecados y sea tu Dios. Ora para llegar a ser como Jesús, dejando a un lado tu propia gloria para servir a otros.
