VIERNES, 23 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Éxodo 12:1-13
Colosenses 1:20: «…y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz».
A veces, el cuarto de mi hijo está tan desordenado que no puedo caminar desde la puerta hasta su cama. Y aunque lograra llegar hasta allí sin tropezar, no habría espacio para sentarme a su lado y hablar y orar con él antes de dormir. Esto es una imagen de cómo es una persona antes de ser creyente. Dios desea tener una relación con su pueblo, pero no puede acercarse a ellos porque su pecado le resulta repulsivo.
A veces, limpiar una habitación es una tarea demasiado grande para que los niños la hagan solos. De igual manera, nosotros no podemos limpiar el desastre de nuestro pecado. Yo tengo que ayudar a mis hijos a limpiar su cuarto. Dios el Hijo se hizo humano para salvarnos de nuestros pecados. No los escondió simplemente debajo de la cama. No los llevó a un centro de reciclaje para que regresaran después. Los alejó tan lejos como está el oriente del occidente. Han desaparecido. Los pecados de los creyentes son perdonados. Él exhibe nuestros hermosos tesoros y coloca nuestros talentos donde puedan usarse con facilidad.
La sangre de Jesús en la cruz fue como la sangre que los israelitas untaron alrededor del marco de la puerta de sus casas en la primera Pascua. Cuando Jehová vio la sangre, pasó de largo, y todos los que estaban dentro fueron librados de la ira de Dios. Cuando Dios ve la fe de una persona, ve la sangre de Jesús, y su ira se aparta. En su lugar, se acerca para tener una relación con su hijo.
Sugerencias para la oración: Incrédulo, pide que Jesús venga y quite tu pecado; pide fe. Creyente, pide una relación más profunda con Dios.
