SÁBADO, 24 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Juan 17
Juan 17:21: «…que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…»
En el Antiguo Testamento, Dios se reveló a su pueblo especial como Yahvé. El nombre significa «Yo soy el que soy», refiriéndose a Dios en sí mismo. Él no tiene necesidad de relación con las personas. El nombre implica su santidad, su grandeza y su pureza. Lo distingue de su pueblo. Él es majestuoso. En contraste, su pueblo ve su propio pecado, su debilidad y su impureza. Ellos responden a Dios humildemente, con temor reverente.
Ahora llegamos al clímax de la Biblia. Después del evangelio de Jesús, la relación de Dios con su pueblo cambió. Dios le dice a su pueblo que lo llame «Padre». Ellos son sus hijos. La adopción en la familia de Dios es un don sobrenatural que Dios da a su pueblo por medio de Jesús. Dios tiene un amor de pacto con su pueblo, y elige revelarlo en una familia, con él como Padre y su pueblo como sus hijos e hijas.
Todos tienen una idea de cómo debería ser un padre, y, sin importar cuál haya sido su experiencia con su padre terrenal, pueden recibir a Dios como su Padre perfecto. ¿Cómo se ve esta relación? Podemos verla en la relación de Dios con Jesús, su Hijo. Consta de cuatro partes. Primero, el Padre tiene autoridad, y sus hijos desean hacer su voluntad. Segundo, el Padre ama con afecto a sus hijos, y sus hijos lo obedecen y permanecen en su amor. Tercero, el Padre está siempre con sus hijos; ellos nunca están solos. Por último, el Padre honra a sus hijos, así como glorificó de igual manera a Jesús.
Sugerencias para la oración: Da gracias a Dios por ser el Padre perfecto de su pueblo. Ora por buenas relaciones y sanidad en tu familia terrenal y entre los hijos de Dios.
