DOMINGO, 25 DE OCTUBRE
Lectura bíblica: Gálatas 4:1-7
Gálatas 4:5: «…para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos».
Hoy compararemos dos imágenes. Ambas son ciertas respecto a la relación del creyente con Dios. La primera: el creyente culpable está delante del Juez, esperando su castigo. Se ve por completo su pecado. Es feo, está desnudo y sucio. Sin embargo, el Juez ve la fe del creyente (dada por el Espíritu Santo) y ve la sangre de Jesús. La ira de Dios se aparta. El creyente es perdonado. Limpiado. Vestido con vestiduras blancas de justicia. Hermoso.
La segunda imagen es la de un huérfano. El niño está profundamente triste, solo y abandonado. Se siente inseguro sin un hogar y no confía en los demás. Desde ese lugar de dolor, es difícil hacer cualquier cosa. Pero Dios abraza a los creyentes y les dice: «Hijo, eres mío» (si el creyente es mujer, Dios la llama «Hija»). El creyente es adoptado como hijo de Dios. Recibe un lugar en su hogar. Es recibido en su familia. Tiene un hermano mayor, Jesús, y muchos otros hermanos, la iglesia. Es heredero de las promesas de Dios. Es consolado y está seguro en los brazos de su Padre amoroso. El Padre se deleita en su hijo. Lo disciplina con ternura y paciencia. Lo protege y le da dones.
La primera es una imagen de la justificación. Este es en verdad un momento gozoso en la vida del creyente; sin embargo, la adopción es probablemente aún más preciosa.
Sugerencias para la oración: Creyente, da gracias a Dios por ser tu Padre. Pídele que te muestre todas las maneras en que esto transforma tu vida. Incrédulo, pide fe y perdón.
