UNA VIDA TOTALMENTE NUEVA

LUNES, 26 DE OCTUBRE

Lectura bíblica: Romanos 8:1-11 (o completo)

Romanos 8:6: «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz».

Ayer imaginamos cómo sería pasar de ser huérfano a ser hijo de Dios. Esta nueva relación transforma la vida del creyente. Quizás te preguntes cómo. ¿Qué cosas crees que cambiarían? Consideremos algunas juntos hoy.

En primer lugar, Dios da a sus hijos su Espíritu Santo, quien vive dentro de ellos. El Espíritu Santo hace que todas las promesas de Dios sean una experiencia personal para el creyente. Hace que el carácter del creyente se asemeje más al de Cristo. Sana y corrige con ternura el pensamiento del creyente. Los hijos de Dios aprenden a confiar en su Padre y experimentan paz frente a las preocupaciones y los temores. Los hijos de Dios aprenden a dejar que la esperanza ancle su alma mientras esperan el cielo con entusiasmo. Saben que el cielo es su herencia prometida. Compartirán la gloria con Cristo. Serán completamente semejantes a Jesús, no solo en lo físico, sino también en la mente y el carácter. El cielo será una gozosa reunión familiar. Incluso hoy, el Espíritu Santo da al creyente la energía para hacer la voluntad de Dios, y le da palabras y talentos para hacer buenas obras para la gloria de Dios. Le da satisfacción en su trabajo.

Además, los hijos de Dios desean hablar con él. El Padre siempre los escucha cuando hablan, así que los hijos no hablan de manera mecánica. No intentan presionar a su Padre para que haga algo por ellos. Más bien, oran confiando en él, con la certeza de sus sentimientos de amor hacia ellos. Es una conversación agradable.

Sugerencias para la oración: Creyente, disfruta orar a tu Padre celestial. Usa palabras de Romanos 8 como guía. Incrédulo, ora pidiendo nueva vida en el Espíritu Santo.

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